jueves, 5 de enero de 2012

Un par de vídrios y hasta luego

El aprendiz de brujo, Paul Dukas

 
Los maestros cantores de Núremberg (Obertura), Richard Wagner, dirigida por Wilhelm Furtwängler
 

Eso es todo. In the wake of Poseidon cierra durante tres semanitas; razón: exámenes. Nos vemos en vuestros tugurios.

martes, 3 de enero de 2012

Sobre tochos, y algunas especulaciones

Una música, finalmente, que elimine inversamente el número 5 y, con ello, la diversidad de los pasos de tono entero, limitándose a los números 2 y 3 y que ponga en la base como tono entero único el mayor (con la proporción 8/9), o sea el "tonos" de los griegos, el intervalo entre la quinta y la cuarta (2/3 : 3/4 = 8/9), obtiene con todo (contado de abajo arriba) 6 quintas justas y otras tantas cuartas (de todos los tonos, excepto de la cuarta a la séptima) en la octava diatónica.

Economía y sociedad, Max Weber

Exacto, Economía y sociedad... Solo un tratado como Economía y sociedad puede empezar con un capítulo dedicado a "Las categorías sociológicas fundamentales de la vida económica", seguir más adelante con "Sociología de la comunidad religiosa" y terminar con un aturdidor apéndice titulado "Los fundamentos racionales y sociológicos de la música" (el que he citado). Economía y sociedad constituye el ensayo más catastróficamente editados de todos los tiempos. ¿El responsable? La mujer de Max, Marianne, que tras la muerte de su marido cogió en un arrebato de cachondismo interestelar todos sus escritos no publicados, los organizo malamente y dio lugar a uno de los tratados más cansinos de sociología después de ciertos capítulos que Marx escribió para El capital. En Economía y sociedad puedes encontrarte, por ejemplo, un rótulo que anuncia el capítulo en cuestión, algo más abajo los subapartados de ese capítulo y a continuación cincuenta páginas sin señalizar, solo párrafos, párrafos y más párrafos, y arreglátelas como mejor puedas, hijo de fruta. He ojeado tratados de metafísica del siglo XVIII un millón de veces más legibles...

Hablamos de tochos que ante todo invitan a pensar cosas como: "¿De dónde coño sacaban tiempo para escribir eso, y quién cojones les leía?". Dos respuestas: 1. No tenían vida social. 2. No curraban cuarenta horas semanales realizando labores alienantes. Solo los monjes y esa gente cumplían ambas condiciones (aunque cabría hacer la objección de que el modo de vida monástico sea profundamenta alienante). Por eso la literatura ha estado durante dieciocho siglos tan ligada a la religión. Una explicación convincente en cuatro líneas; chúpate esa, Max. En el fondo estamos ante una gran contradicción histórica: hay tantos libros que ningún ser humano, en una sola vida, podría leerlos todos. Las producciones humanas -literarias en este caso- se han hecho, en su totalidad, inasumibles para toda persona que viva en torno a los noventa años.

Aunque, ¿quién iba a desperdiciar su inmortalidad con semejantes ladrillos pudiendo construir el dominó más grande del mundo, que empezaría en Bruselas y terminaría en Hong Kong? Ser inmortal también molaría en el sentido de que uno podría asistir a la decadencia de ciertos instrumentos musicales y a la ascensión de otros. No creo que la sonoridad del piano vaya a resultar agradable a tantas personas hasta el fin de los tiempos; llegará un momento en el que se preferirán sonidos distintos, tal vez ofrecidos por dos rayos alfa que, al colisionar, crean un tipo nuevo de notas musicales. Para ese momento la inteligencia artificial estará tan avanzada que cualquier ordenador, una vez introducidas unas pautas de carácter armónico y rítmico, será capaz de componer con el decrépito sistema tonal obras más complejas y emocionantes que las de un Beethoven. Así, la "vieja música", debido a su superabundancia, no será apreciada más que por cuatro nostálgicos moribundos.

A su vez, el descubrimiento de ilimitados planetas habitables en incontables círculos estelares, hará que la humanidad se multiplique y colonice el espacio, posibilitando el sueño de todo sociólogo chiflado: la existencia de planetas habitables y habitados en los que experimentar con lo social mediante el manejo de grandes variables. Al fin quedará al descubierto hasta qué punto el poder modifica a quien lo posee en el aspecto psicológico, o cómo los seres humanos construyen en sus mentes la idea de Dios. Por no hablar de los economistas, que de una vez por todas podrán comprobar en condiciones reales si en una economía capitalista es la intervención económica del estado o el libre juego de los actores económicos lo que favorece concentración del capital. Finalmente, Telecinco comprará su propio planeta, y observará con enojo cómo, según el OEG (Organismo educativo galáctico), los estudiantes de su planeta son los que peores calificaciones obtienen.


Minuto 3:42, ¡fieshta!