domingo, 9 de diciembre de 2012

Adorno Street Fighter, Maximum Controversial


Theodor Adorno fue un destacado filósofo de la llamada Escuela de Frankfurt, más concretamente de la primera generación de dicha corriente, la cual reúne nombres tan sonados como los de Erich Fromm o Herbert Marcuse. Este segundo al parecer proveía de mandanga teórica al sector hippie, o eso nos contó un profesor muy fan de los frankfurtianos. Adorno, en cambio, como que se mantuvo al margen de las reivindicaciones políticas que se lanzaban desde las universidades:

«La principal divergencia de su pensamiento respecto al marxismo es, como afirma Buck-Morss, que ‘su filosofía jamás incluyó una teoría de la acción política’. Si Marx criticó a Hegel y a toda la filosofía por dedicarse a interpretar el mundo en vez de transformarlo, Adorno nunca aceptará un papel político para la filosofía, convicción que defendería drásticamente durante toda su vida, como lo demuestra su provocativo gesto de negarse a cambiar el tema de una conferencia que planeaba dar en Berlín sobre ‘El clasicismo de la Ifigenia de Goethe’, poco después de la muerte del estudiante Benno Ohnesorg por la policía durante la visita del Shah de Irán en junio de 1967. Esta actitud le valdría la animosidad de los actvisitas de la nueva izquierda aelamana y el reproche por parte de Lukács de haberse instalado ‘en el gran hotel abismo’, y desencadenó el desafortunado incidente de 1969, en el que un grupo de estudiantes irrumpió en una de sus conferencias. Martin Jay relata así el suceso:

‘En abril de 1969, tres miembros de un grupo de acción irrumpieron en el estrado durante una de sus conferencias, mostraron sus pechos desnudos y lo atacaron con flores y caricias eróticas. Adorno, desconcertado y humillado, abandonó la sala de conferencias mientras los estudiantes proclamaban burlonamente que ‘como institución, Adorno había muerto’.»

El detalle de las caricias eróticas me mata. Imagino a un calvo con mala leche sentado y hablando de la unidad totalizadora mientras unas cachondas berlinesas se le acercan para darle besitos mientras él permanece en estado what-the-fuck total. En fin, ya se sabe que Dios no repartió el sentido del humor por igual. Y es que resulta complicado imaginar a Adorno riéndose -o siquiera sonriendo- tras escuchar el chiste del perro mistetas. No hay escrito suyo en el que no parezca circunspecto, e incluso mosqueado, como si el dios vengativo hubiera adoptado la forma de filósofo.


Pero este espécimen no se quedó en los temas filosóficos; habló de música, y mucho. De hecho una buena parte de su producción intelectual la componen los trabajos relacionados íntegra o parcialmente con la música, los compositores y las industrias culturales. ¿Con qué intención escribió sobre todo eso? Atizar, básicamente (en realidad no; es por hacer la gracia).

Atizó a Sibelius (1865-1957), a quien acusaba no solo de regresar a un sistema tonal que había perdido su razón de ser tras cierta ruptura histórica y tras las múltiples incursiones de la atonalidad en el siglo XX, sino también de no dominar ni siquiera ciertos principios elementales de la propia tonalidad:

«¿Cómo es posible que alcance fama mundial y que llegue a ser tenido por un clásico alguien que no solo ha quedado completamente retrasado con respecto al nivel técnico medio de su época, sino que muestra no estar siquiera a la altura de su propio nivel medio, y hace un uso inseguro, más aun, chapucero de los medios tradicionales, desde el material de construcción hasta la gran arquitectura? El éxito de Sibelius es síntoma de una perturbación de la consciencia musical? […] La gente abriga la esperanza de sustraerse, gracias a Sibelius, al mencionado presentimiento. Ese es el secreto de su éxito. La absurdidad que los medios de la música tradicional y pos-romántica, degradados a la categoría de mercancías, adquieren en su obra, debido a la falta de habilidad con que son manejados, esa absurdidad parece salvar a esos medios de su deterioro.»

Atizó al jazz (o, dado que esta crítica data de 1936, a los sonidos que conforman cierta etapa primeriza del jazz: ragtime, swing, New Orleans jazz…), acusándolo de ser mercancía pura y dura, de ahuyentar la crítica en una población que ocupaba los escalafones más bajos de la sociedad y de tratarse de una parodia musical que solo llevaba a una complejidad absurda ciertos patrones rítmicos:

«El ritmo básico del continuo y el bombo coincide absolutamente con el ritmo de marcha, y, desde los six-eights, el jazz pudo transformarse sin esfuerzo en una marcha. La conexión está históricamente fundamentada: uno de los vientos graves del jazz se denomina sousáfono en honor del compositor de marchas (John Philip Sousa), y no meramente el saxofón se ha tomado prestado de las bandas militares, sino que toda la disposición de la orquesta de jazz, según instrumentos melódicos, graves, de acompañamiento obligado y de mero relleno, es idéntica a la de las bandas militares. Por eso el jazz se adapta bien a su uso por el fascismo. En Italia, lo mismo que la artesanía cubista, es particularmente popular. La prohibición en Alemania conecta con la tendencia de fachada a recurrir a formas de inmediatez precapitaslistas-feudales y a llamarlas socialismo. Pero, de manera bastante característica, esta prohibición no tiene ningún poder

Y menos mal que a los oídos de Adorno no llegaron Katy Perry o el ‘Gangnam Style’, porque de lo contrario el tipo habría entrado en cólera, estallado y originado otro Big Bang que ríete tú de Hiroshima.


Nuestro héroe repartió por aquí y por allá, y, por si lo habéis llegado a dudar, no, no se olvidó de atizar al oyente del siglo XX -generalizable al del siglo XXI-. Así, encontramos textos suyos con muy mala leche que, sin embargo, me parecen de lo más refrescantes en un mundo en el que los juicios acerca de la música que se cuelan por los medios de comunicación están repletos de buenismos y simplezas, cuando no de deleznables gordos que se hacen llamar Carlos Jean.

Los de Adorno son embates sin compasión por los que yo mismo me he llegado a sentir atacado (alguien escribió que el tipo procuraba ser tan denso e impenetrable porque, en cuanto hablara claro, todo el mundo le crucificaría). Hacen que te preguntes cosas como: ‘¿pero quién es este subnormal para decirme cómo tengo que escuchar música?’. Sin embargo, este interrogante puede llevarle a uno por, al menos, dos caminos: el primero, consistente en mandar a la mierda a Adorno en un contundente ‘¿de qué vas? A cascarla’; el segundo en, superada la indignación, acercarse a sus tesis con el hambre de conocimiento del ofendido, en plan ‘vale, bien, di lo que quieras, pero tendrás que darme una demostración convincente’.

La intención del post no es la de presentar a Adorno como un misántropo gilipollas que se metía en líos cada vez que hablaba, sino la de, mediante la provocación, instigar la curiosidad. Como melómano puedo decir que he sacado cosas bastante interesantes de este hombre, aunque conserve ciertas discrepancias más o menos profundas.

Dicho lo cual…


Round 1

«Por su exigencia de concentración la nueva música contraviene uno de los dogmas ideológicos de la cultura musical dominante: el dogma que habla de la irracionalidad de la música, la cual, al parecer, apelaría puramente al sentimiento. Los conceptos corrientes de música intelectual y música sentimental son una fachada que es preciso demoler. Lo que se califica de ‘intelectual’ es, casi siempre, tan solo aquello que exige el trabajo y el esfuerzo del oído, tan solo aquello que exige fuerza de la atención de la memoria, tan solo aquello que exige propiamente amor, es decir, sentimiento. Y lo que se califica, en cambio, de sentimiento es, casi siempre, tan solo un reflejo de una conducta pasiva; ésta degusta culinariamente la música, cual si fuera un aliciente, pero no tiene una relación específica, o, si se quiere, una relación ingenua con ella, con lo oído de manera concreta


Round 2

«No se trata meramente de que los oídos de la población están tan inundados de música ligera que la otra les llega como lo opuesto coagulado, como la “clásica”; no es meramente que la capacidad perceptiva está tan obturada por los omnipresentes éxitos del momento que la concentración de una escucha responsable se hace imposible y está inundada de vestigios de la memez, sino que la sacrosanta música tradicional misma se ha convertido, por el carácter de su ejecución y por la vida de los oyentes, en idéntica a la producción comercial en masa, y ésta no deja de contaminar su sustancia


Round 3

«La audición atomizada, la audición que de modo pasivo, impotente, se entrega al encanto del instante, a la sonoridad aislada agradable, a la melodía retenible y abarcable de una sola ojeada, y que se pierde en tales aspectos, es una audición pre-artística. Ese modo de oír carece de la capacidad sintética subjetiva, y por eso mismo fracasa también ante la síntesis objetiva que toda música perfectamente organizada ejecuta. El comportamiento atomizado, que es siempre el más difundido y con el que la denominada música ligera especula ciertamente, a la vez que lo promueve, ese comportamiento acaba convirtiéndose en un goce naturalista y sensorial, en un goce culinario de sabores, en una des-artificación del arte, des-artificación de la cual el arte se ha venido librando durante muchos siglos, si bien es cierto que a costa de muchos esfuerzos, y solo hasta nueva orden, por así decirlo. Quien oye la manera atomizada es incapaz de percibir sensiblemente la música -puesto que ésta prescinde de los conceptos- como algo espiritual. Así es como se comportan los diletantes; de grandes movimientos dotados de una arquitectura compleja los diletantes despegan ciertas melodías real o presuntamente bellas, como, por ejemplo, los segundos temas de Schubert; y en vez de seguir su impulso y continuar avanzando, reclaman infantilmente su repetición rígida. Se parecen en esto a aquel tratadista austriaco de Estética que confesaba haberse hecho tocar una y otra vez durante una tarde entera la marha del torero de ‘Carmen’, sin hartarse de oírla

23 comentarios:

  1. Deberían indemnizarnos a los que leemos tus entradas de Adorno, jajaja. ¡Yo también me cago en el Jazz, pero otros motivos..! Es de los pocos estilos de música cuyos músicos en directo disfrutan más que sus espectadores, parecen relegados al postergamiento máximo del espectáculo.

    Si "lo que se califica de ‘intelectual’ es, casi siempre, tan solo aquello que exige el trabajo y el esfuerzo del oído", la "baja cultura" es lo que entraría por el ojo, lo que exige trabajo y esfuerzo de la mirada. Te pregunto. Como experto "adornista" quizás lo sepas, jajaja.

    ¡Qué diversión intelectual!

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  2. ¡Todo el mundo a sus puestos! ¡Don Teodoro ataca de nuevo!

    Pues muy bien. La información de ese profesor suyo sobre la “mandanga hippie” es matizable: Fromm y sobre todo Marcuse eran más bien para los progres marxistas con barba y pipa, que por otra parte eran disciplinados fans de don Gustavo Mahler. En lo literario sus ídolos seguían el patrón de García Márquez y Cortázar, como debe ser: Vargas Llosa estaba ya por entonces bajo sospecha; hasta el pobre Cortázar comenzó a estarlo, por su apoyo y ayuda a Lezama Lima frente al gobierno cubano, que le quitó la presidencia de la Editorial Nacional en beneficio de Alejo Carpentier). Pero los jipis, más tendentes a la acracia, eran devotos del señor Proudhon, que siendo anterior a los otros dos me sigue pareciendo más sencillo y directo (y hace tiempo que no oigo hablar de él, por cierto. ¿Otra confabulación del rojerío burocrático? Tal vez). Pero no me haga mucho caso. A ver si voy a ser un antisistema y no me había enterado.

    Adorno se mantuvo al margen de las ideologías… bueno, estaba en su derecho. Menos derecho tenían y tienen los que van a reventar conferencias (salvo que el conferenciante sea un cachorro de Hitler), y en cambio a esos hay gente que los aplaude: si no te interesa lo que cuenta un señor, no vas y punto. O vas, tomas nota de lo que dice y luego lo rebates. Pero los hijos del 68 (movimiento del que habría mucho que hablar, y no todo bueno) estaban en posesión de la verdad, y por lo tanto esos métodos les iban como anillo al dedo. De todos modos, algo de razón tenían. En conjunto, la historia del pensamiento político no es muy diferente a la historia de la Filosofía (a la que un profesor mío llamaba “Historia de la Opinión”: cada uno tiene la suya), aunque a estas alturas cualquier corriente de pensamiento, por muy filosófico que sea, ha de tener conexiones con la política y la economía. Es así de triste: al final la economía es lo que manda.

    Y en cuanto a la música, pues bueno. Pobre Sibelius. El primer round (la exigencia de concentración, y tal) me parece farragoso y hasta contradictorio: no creo que un verdadero aficionado con una cierta formación y sin imposturas se plantee dogmas, y en consecuencia esas cosas del sentimiento y lo intelectual. Estoy de acuerdo en parte con el segundo, pero la población tiene la formación que tiene; y la “sacrosanta” música tradicional -cierto- está en manos de una élite a la que la endogamia le viene muy bien. También estoy de acuerdo, más o menos con el tercer round. Pero en cualquier caso, tengo que reconocer que la palabra “Arte” cada vez me cansa más. Mmmm… a ver si voy a ser un lolailo y tampoco me había enterado.

    En resumen: felicidades, pollo. Se lo ha currado usted, sí señor. Porque, estemos o no de acuerdo con mister Adorno, viene bien de vez en cuando esta vuelta a las añoradas charlas de café juveniles. A mí por lo menos me rejuvenece. Gracias.


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  3. Yo… Había encendido el ordenador para escribir una mongolada sentimental, pero cierto impulso me ha llevado a echar un vistazo a los posibles comentarios de la última entrada y… Es difícil leer solo el principio y no vuestros comentarios enteros. Malditas respuestas interesantes. Brfbrfbrfbrgggg

    Kez, lo que dices del jazz lo he sentido muchas veces, pero te aseguro que con el tiempo esa imagen acaba desvaneciéndose o al menos perdiendo fuerza; y pienso por ejemplo en mi querido Duke Ellington, crack en su periodo de madurez y entretenidísimo en el anterior.
    Adorno, siendo como era, te habría contestado que la ‘baja cultura’ entra por los pies, como el balón de furbols.

    @ Rick: Mein professor aludía sobre todo a ‘El hombre unidimensional’, aunque ahora mismo no recuerdo si hablaba de esa obra como suministro para hippies o para los revoltosos europeos de los sesenta. De todas formas ‘Eros y civilización’ (otra de las importantes de Marcuse) sí que encajaría con algunas posturas hippiescas.
    El ‘primer round’ yo lo tomo como un aviso interesante de a ver a qué esconden esas divisiones conceptuales tan manidas y de que la música no solo se vive; también se piensa.
    ¿Endogamia? No sé yo. En los últimos tiempos estoy descubriendo la deliciosa escena musical (‘clásica’) de Pamplona y, en algunos de los conciertos a los que voy, percibo cierta desesperación por parte de los músicos. Desesperación por llegar sea como sea al oyente, inclusive presentando su música como algo sencillo (cuando es todo menos eso). Escribí hace unas semanas algo al respecto. Quizás lo publique algún día.
    Y le masuneo casi todo lo del segundo párrafo.

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  4. A Adorno lo que le pasa es que no ha escuchado el 'Fun House'.

    Na, bromas aparte, me he leído tu post (por cierto, me sumo a Rick para felicitarte por la entrada)y me da la sensación de que no he pillado muchas cosas. Algunas por no conocer a los nombres correspondientes ni saber de jazz ni... - ¿Quién es Sibelius? - y otras porque eso requiere una segunda lectura. De Adorno supo más bien poco y ahora sé más bien nada, es una laguna importante que tengo, pero es un personaje ilustre dentro de la filosofía continental del siglo pasado, y ya solo por eso merece un respeto. Vamos, que eso de las berlinesas en top-less... ¿Por qué no me vienen a ''molestar'' a mi en lugar de a él? En fin, el mundo es así de injusto. Sin saber demasiado, porque no lo he leído, veo que como dices su estilo tiende a ser un poco oscuro, si, y eso es algo que no me gusta (lo mismo se dice de Heidegger, que si se aclarasen sus proposiciones caería por su peso. Pero en el caso de Heidegger, su contenido casi necesita ese discurso. Una pena para los que tendemos a buscar ideas claras y palabrería la justa).

    Repito que no conozco el pensamiento de Adorno como para comentarlo, pero ciñéndome a esa división entre pensadores que aspiraban a interpretar el mundo y pensadores que aspiraban a cambiarlo, desde la propio filosofía, yo siempre fui más de los primeros. Qué le voy a hacer... Por eso me peleaba con Habermas. Aunque ya sabe usted que mi pensador preferido del siglo XX, para bien y para mal, es Michel Foucault, y en cierta medida tiene que ver, si no con la escuela de Frankfurt (''los viejos rockeros de la escuela de Frankfurt, como decía un compañero mío de la carrera''), si con muchas de sus inquietudes y los problemas de la época. Pero bueno, que me lío y me salgo del tema. Música.

    Respecto a los rounds 2 y 3: tiene un par de ideas interesante, por un lado, pero con las que no estoy del todo de acuerdo. ''(...)por el carácter de su ejecución y por la vida de los oyentes''. Es atrevido en su especulación, lo cual está bien, y tiene su parte de razón, pero olvida que el resto de artes (pictóricas, escultóricas...) han echado a andar SIEMPRE como productos y gracias a determinados mecenas. Por eso hay quien dice, a día de hoy, que el auténtico arte del siglo XXI es el arte publicitario, y no el 'arte muerto' que vemos en los museos de arte contemporáneo, creado por una propia iniciativa del autor, una idea personal y nadie, absolutamente nadie a quien rendir cuentas. Nadie que deba retener esa ''melodía'' en su cabeza, como para querer escucharla muchas veces, cual producto que compra. Es un tema controvertido éste de juzgar cómo debe ser el arte, yo no creas que lo tengo tan claro.

    En fin, que te leeré de nuevo. Muy risas las imágenes jejeje

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  5. Vaya, Sonámbulo y yo publicando comentarios a la vez. Qué cosas.
    Te leo con atención y contesto tomorrou.
    Besos.

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  6. Usea, ¿es desdeñable Mozart solo porque hoy en día lo escuchemos como producto (y más por tener melodías pegadizas) y ya esté ''superado''? ¿es - era - la música atonal el camino, solo porque el pensamiento de la música había llegado a ese punto intelectual? No me hagas mucho caso, porque es tarde y tengo sueño, pero a lo que voy es que... ¿Qué iba a decir yo? ¿podemos extrapolar el caso de la música en el siglo XX al de otras artes? En ese caso ya tenemos más argumentos para combatir a Adorno.

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    1. Vaya, la estructura por párrafos de tu primer comentario es calcadita a la de Rick. Cómo se nota que sois familia...

      Hmmm, ¿por dónde te contesto? De abajo arriba, mejor.

      El suelo sobre el que Adorno levanta sus tesis sobre la música es, cómo no, un suelo filosófico. Su idea principal consiste en que el gran proyecto de la ilustración se nos ha ido de las manos y empieza a adquirir ciertos contornos oscuros (tipo pesimista donde los haya). De modo que, si bien el predominio de la tonalidad (con sus 'consonancias finalistas' y sus estructuras cerradas -forma sonata, por ejemplo-) tuvo una razón de ser cuando los seres humanos -por simplificar mucho- controlaban el rumbo de los acontecimientos, entrado el siglo XX, esa música tonal resulta completamente falsa.

      Esto último no significa que Mozart ya esté caducado o no lo podamos entender. Como arguye Adornorl: 'de ningún modo se está diciendo que una obra solo cabe entenderla espontáneamente en su propia época, que fuera de ella queda necesariamente a merced de la depravación y el historismo. Pero la tendencia social general, que ha eliminado de la consciencia y del inconsciente del hombre aquella humanidad que una vez constituyó el fundamento del patrimonio musical hoy corriente, hace que la idea de humanidad se repita gratuitamente en el ceremonial vacío del concierto, mientras que la herencia filosófica de la gran música únicamente ha recaído en lo que desdeña esa herencia'. Es aquí donde aparece otra de las cuestiones importantes, a saber, que el lugar social de aquellas músicas (clasicismo, etc) se ha perdido, pese a que persista el lugar físico, materializable en la sala de conciertos y en determinadas normas solemnes de conducta.

      La música atonal (Schönberg muy en particular) es para Adorno el camino porque solo ella refleja -desde su propio lenguaje y sus formas intrínsecas- la negatividad del mundo presente y la tensión entre lo universal y lo singular. La disonancia es el camino -dice él-, por dar cabida a lo diverso y por estar lejos de lo que en música podríamos llamar la resolución de la consonancia. Según él, esa resolución es falsa, porque corresponde a tiempos de utopía, o sea, a tiempos que ni se habían alcanzado antes de él ni en su propia época.

      Y claro, como Sibelius (famoso compositor finlandés, revival del clasicismo, responsable de varias sinfonías espectaculares y de un concierto para violín que me encanta y además me acaba de llegar a casa ahora mismo xD) no era precisamente un albañil de las disonancias...

      En caso de que algún día quieras meterte en Adorno, te recomendaría empezar por algunas monografías que otros hayan escrito al respecto. Yo he hecho al revés: he empezado por Adorno mismo, y había un montón de cosas con las que me quedaba, pero también ciertos puntos centrales que me pasaban desapercibidos. Bueno, lo típico.

      Muy interesante lo que dices del arte publicitario. Si hay algo que requiera a chorrocientos especialistas, eso es la publicidad. Absoluta orfebrería del lenguaje, el sonido y la imagen.

      Y, no creas, Adorno (Adorno, Adorno, siempre Adorno xD) no contemplaría con buenos ojos ciertos ejemplos de ese 'arte contemporáneo' (como tampoco era muy amigo del surrealismo o el dadaísmo), en cuanto que, para él, el arte, por encima de todo, tenía que comunicar, llegar a las personas. En sus propias palabras: 'El ser oída por muchos se halla a la base de la objetivación musical misma, y donde está excluido, ésta necesariamente se degrada casi a algo ficticio, a la arrogancia del sujeto estético que dice nosotros cuando él no es más que yo y que, sin embargo, no puede decir nada en absoluto sin agregar el nosotros.'

      Lo sé, soy uno freak. xD

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    2. Posible réplica: Pero Sibelius no empleaba la disonancia -en el sentido adorniano- como tampoco la empleaba Mozart. ¿Por qué entonces no atacar a Mozart también? Porque Mozart hacía lo que se estilaba en aquellos tiempos. Sibelius, en cambio, era una especie de nostálgico, un regreso artificial a 'la falsedad', como Cine de barrío. xDD

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  7. 'La música atonal es para Adorno EL camino...' Tiene su sentido, pero yo cambiaría el artículo definido por el indefinido: 'es un camino', uno más para comunicar algo en un contexto determinado, ya sea la decadencia de la Ilustración en nuestra era contemporánea o lo que fuere. No todos los fenómenos de revival son igual de criticables. Depende del oyente y de nuevo del contexto, que puede hacer que eso suene de un modo distinto. Por ejemplo: Miklós Rózsa, para mi un gran compositor de música 'clásica' para el cine épico de la época de las grandes producciones. Su contexto es el cine, y en sus películas esa música no tiene igual, va como anillo al dedo, no es música muerta, no es 'falso'. No he escuchado a Sibelius, pero podría ser un caso parecido por otras razones.

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    1. ¡Para nada, para nada! ¡Escoria! ¡Engendro!

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  8. "alguien escribió que el tipo procuraba ser tan denso e impenetrable porque, en cuanto hablara claro, todo el mundo le crucificaría". Aplicable al 98,7484579823% de filosofos alemanes. Para todo lo demás "Apocalipticos e Integrados" de Eros Ramazzotti. Slurps.














    Ay, ande estará aquel rapaz que reivindicaba el Ram It Down de los Judas como si le fuese la vida en ello...

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    1. Esto sí que es raro, José Fernández recomendando un libro... Llevo dos años siguiendo el blog y nunca había visto nada parecido.
      Pd: Y al rapaz me lo he comido.

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    2. Y estaba tierno o ya un poco correoso?
      Y que conste que yo lo que recomiendo es la escucha compulsiva de la obra de Humberto Eros, no ponga palabras en mi boca (ni otras cosas, gorrina!).

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  9. Eso. De todos modos, ya le vale:
    "...Pero la tendencia social general, que ha eliminado de la consciencia y del inconsciente del hombre aquella humanidad que una vez constituyó el fundamento del patrimonio musical hoy corriente, hace que la idea de humanidad se repita gratuitamente en el ceremonial vacío del concierto, mientras que la herencia filosófica de la gran música únicamente ha recaído en lo que desdeña esa herencia".
    Te pasas un pelín, Teodoro.

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    1. Y ahora encima le ha dado por trollearme. -.-

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    2. Aun así es una cita que suscribo bastante.

      Estuve hace unas semanas en un recital de piano. Obras de Rachmaninov, Mozart, Chopin, Debussy y Liszt.
      Hay que reconocer que se trata de un fenómeno interesante: solo en 'esta época' piezas de distinto calibre, origen, estilo, etc. son tenidas como algo valioso e interpretadas conjuntamente. Cosas que no tienen nada que ver se meten en el mismo saco de 'clásica' y se las da por bueno. '¿Que se las da por bueno? Pues mejor, ¿no?', me dirá usté muy sensatamente.
      En cualquier caso tengo la sensación de que esa nivelación tiende (tiende, digo, porque luego cada oyente es un mundo, como indicaba usted) a anular las particularidades, no solo las de cada época, sino también las de cada compositor y de cada obra. Adorno, muy majete, sentenciaría en plan 'hoygan, que mucha orquesta trajeada, mucho formalismo, pero aquí nadie sabe qué rayos puede significar todo eso que suena'.

      Y así como el propio Teodoro reconocía en 1948 que su atención hacia las cuestiones estéticas y musicales tras el holocausto y la 2ª GM podía parecer necesariamente cínica, yo también me siento un poco sucnor hablando de estas cosas con la de problemas que hay ahí fuera. ¿Oscarwildismo? Quizás. En fin, tómese la entrada y los sucesivos comentarios como un ejercicio de pensar y repensar los asuntos.

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  10. Mira, ahí has tocado un tema del que sí necesito decir unas palabras. '''tras el holocausto y la 2ª GM...'' No sabes las veces que he oído eso de distintos autores contemporáneos y profesores de facultad, y nunca lo he entendido, es como una marea que nadie se atreve a criticar. 'Después del Holocausto ya no se puede hacer la misma ética, literatura, etc etc'. Entiendo que no para quienes lo sufrieron, pero para el resto, aunque algunos pueden (y deben, si son personas interesadas en la Historia y que viven en este planeta) sentirse influidos por aquellos hechos, no es lo mismo. Nunca lo he entendido, creo que incluso en algunos casos hay falsedad. ¿En serio nadie sospechaba que el ser humano es capaz de eso? De eso y más, somos así, el hombre es un lobo para el hombre. A partir de ahí, un escritor debe escribir sobre lo que él debe escribir, y eso es distinto en cada persona, no hay cinismo en ello, no mientras haya sinceridad de espíritu.

    Y quien dice 'Holocausto' dice hambruna en África, desahucios por los bancos o cualquier injusticia que nos rodea. Puedes ser solidario con ello y, aparte, escribir el nuevo 'El gran Gatsby'.

    Pues mucho menos de cara a escuchar música. ¿Qué pasa por escuchar música del clasicismo? ¿Es que es incompatible con el mundo que nos rodea? Una cosa es el significado que tuvo la música en su momento (para el autor, por el contexto en que se oía...) y otra el significado que tenga ahora mismo para ti, escuchándola en directo o en tu casa. Disfrutar la música (de cualquier tipo)para mi jamás puede ser, en sí mismo, algo cínico.

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  11. Pues mejor, sí. Efectivamente. Y yo es que ya niego la mayor. Me explico:
    Imagínese que, alla por 1970, se anuncia la actuación conjunta de Genesis, Led Zeppelin y Family, por nombrar tres estilos totalmente distintos. Imagino que algunos enterados, de esos que se lo saben todo, se rasgarían las vestiduras: ¡Oh, Dios! ¡Mi grupo (sea cual sea de esos tres), metido en el mismo saco que los otros dos! O... ¿Pero qué coño pintan estos tres juntos?

    Pues muy bien: si no quieres ir, no vayas. Pero otros sí iremos. Porque tanto los que conocen perfectamente a esos tres grupos como los que no los han oido en su vida disfrutarán: los primeros, aunque tengan sus preferencias, pueden aprovechar para repasar algunas piezas que no tenían muy oidas y tal vez aumentar su estima por el grupo que sea y al que tal vez habían desdeñado. Y los otros podrán descubrir que alguno de ellos vale la pena. En suma: una actuación, o un concierto, o lo que haya sobre un escenario, tiene entre otras la loable función de propagar el conocimiento. Y si a los Teodoros les parece mal, allá ellos.

    Esa manía estructuralista de don Adorno y otros sobre la música está muy bien para las élites, pero no todo el mundo tiene porqué llegar a semejante altura en sus disecciones. Dijo usted ahí arriba que percibía una cierta desesperación entre los músicos por llegar como fuese al oyente: bien, pues no se lo pongamos más difícil. Cuando esos músicos actúan y mezclan unos cuantos estilos y escuelas, tomémoslo como un acto divulgativo: el que sabe tiene ante sí una selección de éxitos, y el que no una posibilidad de entrar en ese mundo con más facilidad.

    Y esto no tiene nada que ver con el cinismo, ni con los problemas que hay fuera: incluso en pleno Holocausto seguro que hubo más de una tertulia entre judíos que no sabían si iban a llegar al día siguiente.

    Hala. Ya me he quedado a gusto.

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  12. @ Raúl: Yo lo decía sobre todo en referencia a las preocupaciones sociológicas por aquel entonces. Se supone que después de tales horrores había que ofrecer explicaciones acerca de cómo los países llegaron a semejante extremo de animalizar a los habitantes de otros países o a determinados colectivos. Pero qué te voy a decir. Coincido totalmente contigo. Lo preocupante de unos asuntos no anula la importancia social o personal de otros.
    @Rick: Yo no veo ningún estructuralismo más allá de la cabal afirmación de que para percibir la importancia de una música conviene poner atención y de aspirar a saber más. No me parece nada descabellado. Lo que ocurre es que la complejidad y los atributos cruciales que señalamos en otras artes, a la música, muchas veces, se los negamos. Pues no, oiga, la música también es compleja, y mucho más si retrocedemos en los siglos. Y eso no tiene por qué convertirse en una exigencia elitista ni en un motivo de exclusión. Puede también suponer una invitación a ir más allá. Y en cualquier caso cada uno tiene derecho a defender su postura. ¿Elitismo? Yo siempre he entendido que el elitismo consiste en decir ‘tal cosa está bien, tal cosa está mal’ y extraer de ahí un ‘tales personas son superiores, tales personas inferiores’. Pues bien, aquí en ningún momento han asomado esas posturas, ni siquiera en los fragmentos de Adorno. Otra cosa es que se esgriman razones y argumentos desde las que considerar matices relativamente importantes.

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  13. A ver si me he pasado... o me he explicado mal, que a veces soy muy cenutrio.
    Vaya por delante que no me estoy metiendo con usted sino con don Teodoro, ¿eh?
    Y por supuesto que cada uno tiene derecho a opinar como quiera, faltaba más. Pero insisto: me meto exclusivamente con las opiniones de don Teodoro. Y en fin, prefiero suponer que esas andanadas suyas (de él) van dirigidas hacia los de su misma condición y talla musical. Ir contra los demás sería un poco injusto, ¿verdad?
    De todos modos, perdone usted si me he pasado. Es que a veces me sale la vena destroyer y...

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  14. Lo mismo le digo. Creo que nos hemos metido en una dinámica tonta. Al fin y al cabo cada uno ve el asunto de una manera, y teniendo en cuenta que ambas posturan casan difícilmente... Reconozco asimismo que tanto en el post como en los sucesivos comentarios he podido verter palabras injustas, por eso de que no es de recibo insinuar puntos discordantes en los modos de escuchar de personas que llevan toda su puta vida pegadas y amando la música (motivo que al principio me disuadió de publicar la entrada; solo que había otro motivo que pesaba más). En mi defensa, indicar que las exigencias citadas solo me las aplico a mí, nunca a los demás.
    Cariñosamente suyo, este fistro.

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  15. Dani, basta ya... !queremos putas! O en todo caso una foto tuya en pelotas. Lof yu.

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  16. Si, no dudo que fuese una preocupación sociológica de primer nivel, pero es que hay profesores de filosofía que solo hablan del holocausto, casi como una coletilla: ¿se puede hacer ética tras el holocausto? ¿se puede hacer literatura tras el holocausto? ¿se puede hacer música tras el holocausto?

    Y ahora para rematar quedaría muy bien un chiste sobre judíos que me sé, pero es lo más inapropiado que existe XDDD

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