domingo, 29 de julio de 2012

Dos mundos que colisionan [Relato + premio]


Julia toma aire. Ahí va el tercer intento de la mañana. Los dos anteriores han fracasado estrepitosamente; el uno por la indisposición grosera de una vieja, el otro por un portazo tan inmediato que apenas ha dado tiempo a los interlocutores para establecer contacto visual. Razones no le faltan a Julia para desconfiar del siguiente inquilino, residente en la puerta “B” del quinto y último piso del bloque. Aun así, su mano se aproxima al temido botón y el murmullo del timbre regresa. La puerta se abre.
-Buenos días -medio exclama Julia con cálida sonrisa.
-Gut für Sie. ¿En qué puedo ayudarle? -profiere con cierta afectación un hombre de estatura media. Aunque nada extraña tanto a Julia como las prendas que él viste, entre las que destacan una casaca color mostaza y una peluca blanca a la última moda del Leipzig de mediados de siglo XVIII. Actuando como si el encuentro se desarrollara conforme a los dictados de la normalidad, ella continúa.
-Me gustaría hacerle unas preguntas para el Instituto Náutico de la ciudad. El Instituto Náutico de la ciudad está llevando a cabo un estudio acerca de las actitudes que los habitantes tienen para con las prácticas deportivas de verano impulsadas por el Instituto Náutico de la ciudad. Responder al cuestionario no le supondrá más de un cuarto de hora. La información que facilite, además, estará protegida, figurando usted como anónimo.
-De veras, Mädchen, que no he entendido ni una palabra -dice al tiempo que se lleva la mano a la cabeza-. No obstante, pase, por favor. Dispongo de té y confortables asientos.
-Pero… -contesta ella, dubitativa.
Hasta el momento, nada está saliendo como debería según le informaron e instruyeron a Julia en Durkheim’s, empresa local de encuestas. Al desconcierto originado por estas contingencias, se añade la anormal reacción y características del caballero de aires barrocos. Con todo, Julia acepta la invitación. Una vez dentro de la casa, el estupor escala cualitativamente, llegando a producir en ella una leve sensación de mareo. Ello a causa de la decoración de la entrada, pasillo y, finalmente, salón: abunda el color dorado, los relieves imposibles y las cortinas suntuosas. Asimismo, tonalidades, elementos y formas obedecen a los cánones estéticos propios de la habitación en la que Haendel componía sus oratorios. Rompen, sin embargo, dicha armonía, la insuficiente altura del techo y, muy especialmente, un fusil de asalto M4 colgado en la pared del citado salón a modo de objeto histórico, como si se tratase de una reproducción de la espada de Napoleón o el cuerno de guerra de a saber qué general. En la mesita situada bajo el fusil, deja ella la carpeta y el bolígrafo.
-¿Quiere tomar algo, Mädchen? Por cierto, me llamo Ambrosius, ¿y usted?
-Julia. Y no, muchas gracias, ya he comido unos macarrones hace poco.
-¿Unos qué? -responde Ambrosius, sorprendido, pero sin modificar un ápice su teatral afabilidad-. ¡Ah, espere! ¡Dónde están mis modales! Permítame presentarle a Girolamo y Ernst. Nos hemos reunido para ensayar una selección de las Variaciones Goldberg de Bach, adaptadas, por supuesto, para trío de cuerda. ¡Yo interpreto el violín! -afirma alegre.
Esto ocurre en el salón. Ella, delicadamente, gira noventa grados la cabeza hacia la izquierda; repite el mismo movimiento solo que hacia la derecha, intentando localizar con la mirada a los nombrados Girolamo y Ernst. No lo consigue. Delante, huelga decir, tampoco hay nadie. El hecho de que desde allí no se escuche nada más -ninguna pisada, ninguna puerta u objeto desplazándose-, confirma la ausencia de invitados. Un escalofrío recorre la espina dorsal de Julia, sobrecogida por la aparente locura de Ambrosius. No obstante, ella mantiene un control expresivo asombroso: no exterioriza su enorme preocupación en forma de gritos agudos o piernas que corren como alma que lleva el diablo; solamente pide un té, si bien empleando un tono de voz algo tembloroso.
-¿Pero no ha dicho que no le apetecía? -inquiere Ambrosius, sonriente.
-No, sí, pero he cambiado de opinión.
-De acuerdo. Regreso en un instante. No se apure.
El extraño anfitrión abandona el salón. Julia, asustada, pero movida aún más por la curiosidad, se acerca a las sillas sobre las que reposan chelo y viola, instrumentos correspondientes a los imperceptibles compañeros de Ambrosius. Julia examina ambos. Del primero pulsa una cuerda; el segundo lo levanta, con intención de comprobar si pesa lo que un violonchelo normal. Parece dispuesta a hallar un trasfondo de ficción -como si los objetos perteneciesen a una escena de teatro- que justifique la delirante realidad a la que asiste. No puede evitar que los pelos se le pongan de punta; tampoco el dramático suspiro que acompaña a ese darse la vuelta tan brusco con que responde al “¿Qué está mirando?” de Ambrosius.
-Eh… -deja escapar Julia.
-¿Le gusta el terciopelo rojo de las sillas?
-Sí, sí… ¿Ha traído el té?
-Aquí lo tiene. Cuídese, todavía está muy caliente.
-Gracias.
Julia nota la excesiva temperatura del recipiente y decide colocarlo junto a la carpeta depositada sobre la superficie de la mesita.
-¿Toca usted algún instrumento? -interroga Ambrosius, ya con un rostro más circunspecto.
-No, no suelo…
-¿Y la música, le gusta?
-Sí.
-¿Bach?
-Sí -responde ella, casi por inercia, sin prestar atención.
-¿Le gustaría escuchar la variación en la que estábamos inmersos?
-Adelante -accede Julia.
-Ernst, Girolamo, ¿preparados?
Da comienzo la ejecución de la pieza. Julia permanece entre la estupefacción y el miedo durante unos segundos. Después, piensa en huir apresuradamente. Es entonces cuando la interpretación toca a su fin. Ambrosius felicita a sus compañeros invisibles y responde afirmativamente a una pregunta al parecer lanzada por uno de ellos. Seguidamente, posa su mirada sobre Julia.
-¿Qué le ha parecido, Mädchen?
-Me ha gustado, sí.
-¿Fiel a la partitura original de la variación nº 25? -pregunta Ambrosius, dejando con la sonrisa entrever algunos dientes.
-Yo creo que sí.
-Francamente curiosa su aseveración, sobre todo tratándose la nuestra de una interpretación de la variación nº 4.
El corazón de Julia late con fuerza. La tensión le lleva a saltar hacia la pared en que se halla el fusil M4, el cual logra dominar en cuestión de segundos.
-¿Qué se cree que hace? -pregunta Ambrosius con pasmosa serenidad.
-Mira, jodido demente, voy a salir de aquí; y si tengo que volarte la cabeza, lo haré -amenaza ella, dando muestras de una seguridad de la que en verdad carece.
-No sé si advierte la incomodidad de mis compañeros, Girolamo y Ernst.
-¡No hay ningún Girolamo y Ernst, no hay! -grita Julia, presa del nerviosismo.
-Me temo que usted delira -concluye él.
La tensión de Julia rompe de una vez por todas el dique y, ahora sí, el fusil vibra en sus manos, como si estuviera siendo sometido al impulso de fuerzas telúricas.
-Ahora mismo voy a salir por esa puerta, y más te vale no dar un solo paso -indica ella, esta vez dispuesta a todo.
-Oiga, pero…
-¡¡Cállate!!
Julia recoge la carpeta y el bolígrafo.
-Pero antes vas a responder a este cuestionario.
-Está bien, está bien -acepta Ambrosius.
Ella comienza con la primera pregunta:
-Evalue del 1 al 5 (siendo 1 lo que menos y 5 lo que más) su filiación por el Instituto Naútico.
-¿El qué? -pregunta él, que no comprende nada.
-¡¡Responde!!
-¡No sé de qué me habla!
-Bien, no sabe/no contesta.
Al cabo de media hora, con un cuestionario plagado de “no sabe/no contesta” y de datos imposibles en lo relativo a fechas y ciudades, Julia atraviesa el umbral de la puerta, dando por terminada la visita. Ambrosius le grita:
-¡Espere! Devuélvame mi flauta.
-¿Lo qué?
-Mi flauta -señala él, acercándose.
-¡Aléjate de mí!
-Por favor, ¿quiere devolverme esa flauta que tiene entre las manos?
-¿El fusil? -pregunta Julia, sorprendida.
-¿Así lo llama usted? Bueno, no me importa. Démela y márchese.
Con una velocidad digna de atleta olímpico, Julia tira el aparente fusil o fusil-flauta, corre fugaz hacia la puerta de la casa, la abre y cierra una vez fuera, sin dejar de agarrar con fuerza su carpeta. Libre ya de cualquier peligro, respira hondo, como si acabara de aterrizar un avión en calidad de pasajero que se ha visto en la obligación de sustituir al piloto desmayado. Vuelve la mirada hacia atrás, hacia la puerta; pero solo consigue atisbar un muro de ladillos.
Un vecino sale del ascensor. Julia se dirige hacia él; le pregunta cuánto tiempo llevan esos ladrillos ahí ejerciendo de barrera infranqueable. “Está así desde que llegamos hace varios años”, responde él.

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Entre los muchos fallos de ambientación, hay uno bastante significativo. Encuéntralo (2,5 puntos del examen) y haz gala de tu erudición musical.


El ganador -en caso de haberlo y quererlo- recibirá este cassette original de 'She Bangs' (Ricky Martin), corriendo el autor de la entrada con los gastos de envío.

21 comentarios:

  1. Rayos... yo juraría que a mediados del XVIII se consumía pasta con normalidad... el rojo es el color de moda en el mundo cortesano de María Antonieta, no sé si en Leipzig... esto...

    ¿Está aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Variaciones_Goldberg?

    ¿Y si la verdadera trampa es el "Responder al cuestionario no le supondrá más de un cuarto de hora. La información que facilite, además, estará protegida, figurando usted como anónimo"?

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    1. Humm, pues mira que estuve mi rato comprobando lo fidedigno de algunos detalles. ¿Seguro que los macarrones en sí eran plato conocido por aquella zona? xD La wiki no lo deja claro.
      Y no, me temo que no has dado con la respuesta ^^ Tiene que ver con un aspecto netamente musical.

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  2. ¿Las variaciones Goldberg fueron escritas para teclado - clave o piano - y no para un trío de cuerda?

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    1. Cerca, muy cerca. Aun así, Ambrosius ya explica que se trata de una adaptación: "Nos hemos reunido para ensayar una selección de las Variaciones Goldberg de Bach, adaptadas, por supuesto, para trío de cuerda".

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    2. Mmm... ¿y adaptado a trío de cuerda, siendo la variación num. 4 para una clave, o sea, un solo instrumento?

      PD: A todo esto, el relato está muy bien escrito, me lo acabo de leer otra vez.

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    3. Qué intento más vil de sobornarme. Si quieres el cassette de Ricky tendrás que seguir investigando.

      Pd: Tampoco. La adaptación a trio incluye todas las variaciones (http://www.deutschegrammophon.com/cat/single?sort=newest_rec&PRODUCT_NR=4776378&SearchString=bach+goldberg+trio&UNBUYABLE=1&per_page=50&flow_per_page=50&presentation=flow). De todos modos no estoy muy seguro de haberte entendido xd

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    4. La pregunta que de verdad me hago es: ¿cómo ha acabado esa cinta de Ricky Martin en tus manos? XD

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  3. Yo sé la respuesta, for shurísimo, lo que pasa es que no quiero el premio. Porque no tengo pletina, que si no os dejaba muertos con mi erudición musical.

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    1. Mucho hablar y poco acertar... hacen de Lu una chica aburrida.

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  4. Julia está demandando rabo... Se ve a leguas.

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  5. Muy Poe le ha quedado el cuento, sí. Tiene usted madera para esto, ¿eh?
    ¿Fallo de ambientación, y musical, además? Pues no sé: las variaciones Goldberg no son lo mío. Aunque... ya está: el fusil-flauta, que en la pared era un M4, se convierte en m48 en las manos de Julia. Poco profesional: todo el mundo sabe que las escalas de agudos del m48 no tienen color al lado de las del m4.

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    1. jajaja

      Pd: Corrigiendo lo del m4 que voy. Con lo dolorosamente perfeccionista que es uno, que ocurran estas cosas... Ais.

      Pd2: Graccie. :p

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  6. Jajajajajaja, ¡ay Dios mio! Es una de las mayores mierdas que he leído, eso sí, con bastante encanto. La historia es bastante buena, sobretodo por los cambios que va dando a cada párrafo. Pero vaya, que tampoco lo considero errado, de hecho creo que lo absurdo de los giros es lo que precisamente hace de esta historia algo innovador y desconcertante. El momento encuestita vale su peso en oro jaja. Y no, no es alentador eso de tener que encima pagar por unos gastos de envío para un cassette de Ricky Martin jajaja. Aunque bueno, al menos ya no intentas venderlo por internet, es un avance jaja.

    Sigue escribiendo relatos, se te da bien :)

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    1. Te imagino terminando de leerlo y soltando un "¡¿pero qué mierda es esta?!". Solo por eso toda la redacción merece la pena xDD
      Gracias :)
      El cassette de Ricky no sé dónde acabará :&

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  7. ¿hay alguna manera de sobornarte para conseguir ese casette sin necesidad de saber la respuesta?

    pues me ha gustado el relato, aunque me esperaba algo de sangrecilla, la verdad.

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    1. Aaah, el morbo.
      Julia creo que también se la esperaba, de ahí su huida apresurada. Who knows, who knows...

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  8. En cuanto al dichoso acertijo, sabed que...

    ...en efecto las Variaciones pertenecen a la época en la que parece estar ubicado el tal Ambrosius...

    ...peeero...

    ...la adaptación a trío de cuerda creo que no apareció hasta un siglo y algo más tarde, o sea, a finales del XIX.

    jiji

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    1. Vaya. Así que era eso... Bueno, mi orgullo está satisfecho, porque me he acercado un poco. Y por otro lado me quedo tranquilo de no haberme acercado demasiado: no sé quién acabará con ese cassette de Ricky Martin, pero espero que en el futuro nos mantengas al corriente de su paradero XD

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