lunes, 28 de noviembre de 2011

Crisis, Dos Hombres y Medio

Plató del Telediario de Intereconomía - Varios días atrás - A la noche, o a la mañana; qué importa...
-Tipo orondo: (...) Mientras tanto, los comunistas amenazan con quemar las calles.

Me gusta Intereconomía, es una cadena que me hace pensar. Va en serio, hostia. En efecto, cavilo insistentemente cuál es la relación entre el titular "los comunistas amenazan con quemar las calles" y las imágenes que le siguieron: Cayo Lara en una entrevista televisiva reafirmando su apoyo al 15M. En aquel momento me percaté de un hecho demoledor: no todos los espectadores de Intereconomía poseen mi extraordinaria inmunidad ideológica; asimismo, no todos los votantes están protegidos contra las singularísimas consignas del PP. Fueron necesarias una noche electoral y un titular surrealista hasta el extremo para que me diera de bruces contra la cruel realidad. Tampoco nada nuevo, por otra parte: si el español medio es un cretino, el español medio que ve la televisión...

Para hablar del discurso del PP (soy consciente de que el suyo no es el único que apesta, Aitor, que te conozco, fistro), nada tan oportuno como la cita de Maquiavelo que reza así: “Quien engañe, encontrará siempre quien se deje engañar”. El arte de la política habrá avanzado con los siglos, pero el sujeto a quien los diputados representan, me temo, apenas ha adquirido mayor lucidez. Hoy, ese sujeto, a base de bombardeo mediático, ha interiorizado la idea Marianil (de Mariano Rajoy, clarostá) de que, en un ejercicio de sacrificio colectivo, saldremos de la crisis. Una prueba: el Diario (facha-foralista) de Navarra llevaba como titular este domingo que "El 80% de los navarros ve necesarios los recortes". Lo que yo decía, sacrificio colectivo. Se trata de un discurso que hunde sus raíces en la recientemente difundida idea de que durante el "periodo de bonanza" hemos vivido de miedo, como reyes franceses, sin distinción de clases; vamos, que hasta el sector socialmente marginado ha llorado de felicidad de lo excelsas que eran sus condiciones de vida antes de que estallara la crisis. Joder, empiezo a creer que mi familia ha sido la única que no hizo varias visitas al concesionario de Audi y a la inmobiliaria con intención de agenciarse un piso en la costa. Y claro, si la gente está convencida de que todos la hemos cagado despilfarrando money, hay más posibilidades de que esté dispuesta a integrar la abnegación en su vida durante unos añitos. ¿Qué objetar a todo esto? Que no todos tenemos las mismas responsabilidades en lo ocurrido y, por tanto, cada cual debe pagar por sus pecados. Mariano y su cúpula de imbeciles lo saben, eso y que si los ajustes no son percibidos como legítimos por el populacho, ni Jesucristo montado en patinete tiene cojones a establecer políticas de austeridad.

¿Qué anulación mental puede caracterizar a los votantes que no se dan cuenta de las descomunales falacias que encierran ciertos discursos...? Como para reparar en mensajes más sutiles, en plan "Sé optimista, ante las malditas circunstancias económicas, trata de ver lo bueno". No, amigo, la crisis no es un combate internacional contra un fenómeno indefinido; no somos los seres humanos vs otra cosa, sino los seres humanos vs los seres humanos. Se trata de un conflicto político en el que solo la acción y la palabra repercuten en el equilibrio de fuerzas. Por eso me jode oir a "artistas" que venden su última basura audiovisual como un producto que "le hará a la gente reirse y estar más contenta en estos momentos tan duros". Conste que yo idolatro el humor, pero porque es bueno para la salud, no como una forma mediante la cual huir de la realidad.

En fin, toda esta parrafada para traer a colación una serie, de humor, claro. Dos Hombres y Medio, magnífica sitcom. ¿Sabéis que es una sitcom? Echadle un vistazo a la lista. Alguna habréis visto. Hace falta ser inuit en el siglo XIX para no haber visto alguna. Platós estereotípicos, personajes estereotípicos, situaciones estereotípicas y risas "enlatadas". Pongo las comillas porque no son estrictamente enlatadas. Me contaba Lenesita que la grabación de estas series era tal que así: gente en gradas viendo a los personajes actuar y guionistas que, en función de si los espectadores se despollaban o no, corregían los guiones, eliminando, añadiendo, etc. Ya se sabe, siempre es más fácil que tenga éxito una sitcom con la que la que la gente se descojona en el estudio.
Hablar de Dos Hombres y Medio es hablar de Charlie Sheen y hablar de Charlie Sheen es hablar de Dos Hombres y Medio. Charlie es indudablemente el pilar de la serie. El guión está escrito a su medida, pero Charlie no es solo un notable guión; las expresiones faciales que pone, su aspecto...; no sabría muy bien como decir que es un tipo con gracia. Haced las cuentas: un actor oportuno diciendo cosas graciosas y profundamente elocuentes. Ah, ah, ah, ah, ah, ¡y tías buenas, muchas! En cuanto al argumento... bah, mejor vídeos, son más explícitos:

http://www.youtube.com/watch?v=zQuv70un7cc
http://www.youtube.com/watch?v=aBeynf3za3k
http://www.youtube.com/watch?v=59jqEY0jpCE
http://www.youtube.com/watch?v=4bh8TUetjtQ
(No me deja insertarlos)

Si disfrutáis con este reclamo... http://www.cinetube.es/series/dos-hombres-y-medio/
Capítulos de veinte minutos para ser feliz y reponer fuerzas de cara a la lucha definitiva contra los reptilianos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Entrada amena, como todas las que publico (sobre tonalidades y demás)

Hoy vamos a hablar de escalas y tonalidades, un tema cuyos fundamentos pueden ser comprendidos aun sabiendo poco o nada de teoría, y cuyo conocimiento ayuda a entender un poco mejor la música que se escucha (la que se basa en algo más que tres acordes, quiero decir). He usado la expresión "vamos" y no "voy" porque la entrada que leeis ha sido conjuntamente escrita, por mí y por Leonard Bernstein, destacadísimo director de orquesta, compositor y hombre apreciado por su contribución a la difusión cultural.
 
(Los párrafos en rojo oscuro y negrita pertenecen a nuestro loable invitado)
 

Leonard es un hombre que me cae bien, aunque no apruebo que use la batuta como espada laser. No, no hay justificación posible; es la 9ª de Beethoven, Leonard; no puedes arrebatarle solemnidad al momento con tus alocados gestos.


Es que la noche anterior estuve viendo El imperio contraataca. Además, siempre he querido imitar a Luke en un gran concierto.

¿Y qué me dices de ese movimiento de caderas? ¿Dónde quedaron las buenas formas y el refinamiento?

¿Vas a seguir poniendo gifs durante toda la entrada o empezamos de una vez?

Todo tuyo, fistro.

Excelente.
¿Hay alguien que nunca haya sentido curiosidad por saber qué puñetas significa el "en si mayor" o "en re menor" -por poner dos ejemplos- que sigue al título de cualquier composición? Es relativamente fácil encontrar textos de expertos que escriben cosas en plan "y tal compositor se decidió finalmente a enfrentarse a la sinfonía en fa mayor", como si la sinfonía en fa mayor fuera un género musical en sí mismo. Ambos casos generan en cualquiera la intuición de que esto de la tonalidad es importante, ¿pero por qué? Es más, ¿a qué nos estamos refiriendo con "tonalidad"?

Regresemos a lo básico:
1. La distancia mínima entre 2 notas es un semitono.
2. La escala de do mayor es el do-re-mi-fa-sol-la-si de toda la vida.
2. Entre mi y fa hay un semitono, y lo mismo ocurre entre si y do. Entre el resto de las notas de la escala de do mayor (do-re, re-mi, fa-sol, sol-la, la-si) hay un tono (tono = dos semitonos).
Esto es algo que se ve perfectamente en las teclas del piano: entre aquellas teclas blancas entre las que hay una tecla negra, existe un tono, mientras que la ausencia de tecla negra entre dos blancas indica que la distancia es de un semitono.

De modo que, si a la escala de do mayor con sus 7 notas

se le añaden las distancias que marcan los semitonos, pasamos a tener una escala de 12 notas, la llamada escala cromática:

que no es ni más ni menos que tocar las 12 primeras teclas (blancas y negras) que pueden verse en la imagen del piano de arriba.

Pero claro, esto de usar las doce notas que van del do al si -contando semitonos- les pareció inapropiado a ciertos músicos que, siglos atrás, consideraban que cualquier composición debía incluir una cosa llamada centro tonal, a la cual me referiré más tarde.

Sea como fuere, aparecieron las escalas mayores, esto es, conjuntos de notas en las que la distancia entre cada una debía ajustarse al siguiente esquema: tono - tono - semitono - tono - tono - tono - semitono.

Para la escala de do mayor nos bastaría con tocar las notas blancas del piano señaladas antes. En cambio, para otras escalas mayores, tendremos que recurrir a los bemoles y sostenidos, es decir, a las teclas negras; por la sencilla razón de que si las distancias empezando en do son así

DO - RE - MI - FA - SOL - LA - SI - DO
 tono  tono semi.  tono    tono  tono semi.

en fa pasan a ser

FA - SOL - LA - SI - DO - RE - MI - FA
 tono    tono  tono semi.  tono  tono semi.

unas distancias que no se ajustan a las de las escalas mayores, y que de hecho, tocadas, pueden resultar extrañas al oído.

Si, en cambio, recurrimos a los bemoles y sostenidos (cada bemol baja un semitono y cada semitono lo sube), podremos construir la escala de fa mayor, del modo siguiente:

FA - SOL - LA - SI (bemol) - DO - RE - MI - FA
   tono    tono  semi.             tono   tono  tono  semi.

y la escala de la mayor así:

LA - SI - DO (sostenido) - RE - MI - FA (sostenido) - SOL (sostenido) - LA
 tono  tono                  semi. tono tono                   tono                      semi.

Si queremos escribir algo en la mayor, para no tener que añadir el símbolo de sostenido o bemol antes de cada nota, podemos servirnos de las armaduras, o sea, de signos de bemol o sostenido al principio de la pieza. Dos ejemplos:

-Para fa mayor:
-Para la mayor:

La de do mayor, evidentemente, no precisa de armadura, se basta ella solita:


Eh, Leonard, ¿y qué me dices de cuando imitaste a Bruce Lee arrancando el corazón a sus enemigos mediante un conciso movimiento de brazo?

Es que después de Star Wars me vi en el youtube cosas de Bruce, pero prosigamos.

Expuesto lo que son las escalas mayores, pasemos a la escala menor natural, también llamada escala bachiana (no creo que haga falta decir por qué), en la que los tonos y semitonos deben estar dispuestos de la siguiente manera: tono - semitono - tono - tono - semitono - tono - tono.

Pongamos por ejemplo la escala de do menor

DO - RE - MI (bemol) - FA - SOL - LA (bemol) - SI (bemol) - DO
 tono  semi.           tono   tono     semi.              tono             tono

cuya armadura es:

La rueda de quintas o rueda armónica nos indica qué sostenidos o bemoles tendremos que añadir para cada tonalidad:


En fin, eludamos las escalas modales (que en todo caso debería haber explicado mucho antes) y las otras escalas menores (armónica y melódica) para hacer un esbozo de las consecuencias que tiene la música tonal (o sea, la escrita en tonalidades). La primera sería que, salvo algunas notas, casi toda la partitura está escrita en la tonalidad designada al principio mediante la armadura. La segunda tiene que ver con la existencia de una nota (la tónica) que destaca al principio, al final, y en los diversos desarrollos de la composición.

El nocturno nº2 de Chopin está escrito en mi bemol mayor. Echando un vistazo a la rueda de quintas detectaremos fácilmente qué armadura (que en este caso coincide con la de do menor) se corresponde a esta tonalidad.

 
El centro tonal, aquí, se hallaría en mi bemol, nota recurrente en los acordes, el acompañamiento, las melodías de la mano derecha, etc.

Y aunque cada composición es un mundo, se suelen considerar a las escritas en escalas mayores como más alegres, optimistas o exaltadas mientras que a las escritas en escalas menores se las asocia con la melancolía y lo íntimo. De hecho en la spanish wiki hay una tabla muy simpática, en plan signos del Zodiaco, que atribuye una personalidad concreta a cada tonalidad. Tonalidades con personalidad, ¿a que esto no os lo esperabais? Mi bemol mayor está relacionada con "Crueldad, dureza, amor, devoción, conversación íntima con Dios". ¿Esto que significa, que la obra conversa intimamente con Dios, que Chopin conversaba intimamente con Dios o que un servidor, al escucharla, se funde con El Divino?

 

Variaciones Goldberg. Variación 1, en fa mayor. A ver qué viene en la wiki sobre las composiciones en fa mayor... "Furioso y arrebatado". Tomad nota.

Bueno Dani, aquí termina mi intervención. A ver con qué aderezas el ladrillo para que sea digerible. Por mi parte, espero haber hecho todo lo posible para que el número de visitas a tu blog se reduzca drasticamente. Y ahora, derribaré coléricamente el suelo.


En próximas entregas... "Cómo y por qué los rusos se cargaron la música tonal"

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Escuchar música, franceses, Impresionismo, Debussy, La mer

Cambiamos con el tiempo, es indiscutible. Yo he desterrado la costumbre de escuchar música en el autobús, entendiendo la expresión “escuchar música” por ese oír precario y superficial al que tantos hemos recurrido para hacer más amenos determinados trayectos. De hecho, actualmente, en lo que respecta a oír música fuera de casa, me limito a poner en el mp3 una canción de las que te hacen sentir el rey del universo para los pocos metros que separan la puerta de mi casa de la parada, y eso cuando cojo el autobús. Es básicamente éste el motivo de mi shock hace varios días, cuando asistí a un acontecimiento insólito, a saber, el de una zagala sentada en el banco de la parada que, al divisar la llegada de ese estrepitoso mastodonte llamado autobús urbano, extrajo de su bolsillo mp3 y auriculares. Yo me los quité cuando vi al monstruo de metal acercarse, ella se los puso. Seres antagónicos… 
Y aunque con José Fernández he aprendido que es tontería enojarse por el hecho de que los demás tengan unos hábitos muy distintos a los de uno, reivindicaré a continuación unas maneras en lo que al disfrute de la música se refiere. Caigan piedras sobre mí. 

Al mismo tiempo que, como decía, me quito los auriculares cuando diviso el autobús, voy abandonando otras actividades en plan jugar al billar online o al ajedrez online con música de fondo, fumar con música de fondo y, en definitiva, cualquier combinación -a veces criminal- en la que la música cumpla el papel de mero adorno. Es mi decisión, no pretendo criticar la de los demás ni a los demás. Eso sí, me pregunto por qué la lectura o el visionado de una película son actividades que merecen toda la atención del sujeto -incluso cuando el libro o la peli son mediocres- y la música no. Me pregunto también por qué el gentío no se hace preguntas tipo “si hago dos cosas a la vez, ¿no habrá una de la que saque poco o nulo partido?”. Me pregunto (soy de alma dubitativa, ¿verdad?) por último qué hemos desvalorizado antes, si la actividad de escuchar o la música en sí, porque es evidente que en un cuarteto de Beethoven hay innumerables detalles en los que concentrarse y “perderse”, a diferencia de cierta música que hoy día se ha impuesto y cuya escucha atenta es más bien algo doloroso, véase Lady Gaga y, por qué no decirlo (vengan a mí las fieras), mucho de ese conglomerado que llamamos “rock”. Aunque sería injusto sacar algunas producciones musicales de sus respectivos contextos -y olvidar por ejemplo que los fanses de Los Ramones llevaban de todo menos monóculo-, queriendo que éstas asuman una función distinta a la original. En ocasiones creo que caigo en el etnocentrismo musical: me gusta prestar atención a lo que escucho e idolatro el formato del álbum; y claro, ni toda la música está hecha para recibir una escucha minuciosa ni toda ha sido compuesta para ser grabada en CD. Algunos interpretan incluso que, en referencia a la “música clásica”, todo lo que no sea escuchar a la orquesta en directo es de algún modo un atentado contra la esencia de las composiciones. 

En fin, más allá de contingencias históricas mi posición es la de que toda obra musical resultante de emplear un determinado lenguaje y concebida como medio para transmitir mensajes, merece un trato tan digno como cualquier otro arte fundado sobre las mismas cualidades. En el fondo, ese “trato” depende de la consideración que cada persona tenga del lenguaje musical. Los franceses, por ejemplo, tendían a atribuir a la música una función ornamental (conste que no siento gran simpatía por esta clase de caracterizaciones nacionales), y lo hacían porque, para ellos, la capacidad del lenguaje musical para expresar significados era muy reducida e incomparablemente menor a la de la palabra o el lenguaje pictórico. Los alemanes (“alemanes” entendidos como las gentes que habitaban los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico), en cambio, veían esa ambigüedad del lenguaje musical como algo positivo, como el medio con el que dar forma artística a aquellas ideas vinculadas con lo absoluto, lo infinito. Aunque hoy ambas posturas están obsoletas, el paradigma actual se hallaría mucho más distante de la consideración de los franceses, ya que si bien la ambigüedad de este lenguaje es innegable, está comprobado que algunos acordes (por quedarnos con lo más sencillo) transmiten sensaciones de calma y algunos acordes sensaciones de inquietud. Ningún músico se atrevería hoy a negar que las notas, combinadas, pueden llegar a producir infinitos significados. 

La mencionada tendencia de los franceses explicaría frágilmente el acercamiento de compositores como Berlioz (Sinfonía fantástica) o Debussy (La mer) a la música descriptiva (digo frágilmente porque otros como Wagner con ciertos pasajes de sus óperas, Smetana con el ciclo de poemas sinfónicos Mi patria y Vivaldi con sus Cuatro estaciones hicieron grandes aportes en ese sentido, y no eran precisamente franceses), es decir, aquella que trata de evocar, de plasmar en la cabeza del oyente ciertas imágenes. Dicho de otro modo, un compositor para el que el lenguaje musical está muy limitado para transmitir significados, tendrá dos opciones: dar a la música un uso superficial o investigar mediante qué formas puede hacer que el lenguaje musical sí transmita. Y esto no significa que la música descriptiva nazca de este último deseo, sino que el compositor disconforme (el de las dos opciones) encontrará en la música descriptiva un ámbito que explorar con pasión. 

Podría establecerse una dicotomía (poco fiel a la realidad, como todas las dicotomías) entre aquellas grandes arquitecturas compositivas que echaron sus cimientos en el clasicismo, y lo que llegaría con compositores como Debussy, es decir, formas musicales que a un oído no analítico quizás le parezcan difusas y caóticas; aunque no olvidemos que ese aparente desorden siempre esconderá tras de sí una sólida estructura. Lo que digo se comprenderá mejor echando un vistazo a los cuadros del impresionismo: más allá de la percepción del espectador, la obra que éste observa, por anárquica que resulte, ha sido pensada, estudiada; en ella no hay pinceladas al azar, no es fruto de la improvisación; existe, por tanto, una estructura pictórica. 

Debussy no fue ajeno al movimiento impresionista ni a la pintura en general. Refugiado en Cannes a corta edad tras el estallido de la guerra Franco-Prusiana, tuvo tiempo de sobra para disfrutar la colección de cuadros de su tío, topándose con pintores como Turner, al cual admiraría en lo sucesivo. Su afición por la pintura se palpa al ver la portada de La Mer, con ese peculiar fragmento del cuadro de Hokusai La gran ola de Kanagawa que el editor de la partitura incluyó por solicitud de Debussy. Aunque hablamos de un compositor selectivo, con preferencias: de visita en Roma, y seguramente harto de las estructuras pictóricas típicamente renacentistas, con sus puntos de fuga y demás, exclamó “¡Dadme un Monet!”. 

Al igual que en la pintura, la máxima del impresionismo musical es la de evocar -no describir- lo fugaz, los momentos irrepetibles (por contraposición a “lo que permanece”, propio de tradiciones anteriores). Las imágenes o las sensaciones, así entendidas, hacen que la trasmisión del mensaje precise de un tratamiento diferente y necesariamente rupturista. Es por tanto que la estructura de la forma sonata ya no les sirve a los compositores impresionistas. Estos, además, incluirán en sus obras una diversidad tímbrica mayor de lo habitual. Hablamos de unas nuevas características en las composiciones que marcarían un antes y un después respecto las formas que se enseñaban en los conservatorios y en unas instituciones a las que Debussy, personaje díscolo e inconformista, no estaba especialmente unido. 

El segundo movimiento de La mer, Jeux de vagues (Juegos de olas) ilustra lo observado hasta ahora acerca del “sonido impresionista”: no hay en él motivos musicales que se repitan, mientras que un relativamente desordenado desarrollo nos es presentado en forma de melodías que aparecen y desaparecen. En efecto, visualizar olas con sus crestas y su espuma es ante todo una cuestión de imaginación, pero, dentro de lo posible, estamos ante una colosal evocación de lo que son las olas: formas únicas e irrepetibles (como aquella Venecia que Monet pugnaba por cazar) que adopta el agua y que tan pronto se elevan como rompen o se funden con el resto del mar. Análogamente ocurre con los otros dos movimientos, De l'aube à midi sur La mer (Desde el amanecer hasta el mediodía en el mar) y Dialogue du vent et de La mer (Diálogo del viento y el mar): no hay ánimo de plasmar pormenorizadamente lo que es un amanecer o el fiero combate entre dos fuerzas tan imparables como el viento y el mar; no obstante, la esencia de los fenómenos está ahí representada; se capta, no se observa. Puro simbolismo.