lunes, 5 de septiembre de 2011

Asalto final al Rey Carmesí (III) (Lizard)

Lagarto (chapter three)
 Con "C" de Crimson. 

Comprobado: si Black Sabbath es la banda de los mil cantantes, King Crimson es la de los mil percusionistas, bajistas, mellotronistas e incluso letristas. Vamos, un lío de tres pares de cojones al que sólo echa algo de luz la siempre oportuna aportación wikipédica. Como señala tan grata tabla, tras In the Wake of Poseidon los hermanos Giles se marchan para no volver nunca más, mientras que Haskell, que ya había participado como vocalista en Cadence and Cascade, se instala definitivamente en la banda. ¿Definitivamente? Quise decir durante unos meses. Digamos que Fripp no tenía mucho apego por su compañero... Haskell tampoco cae muy bien -sobre todo por su labor vocal- a los fans de King Crimson, o esa sensación tengo después de lo que he leído en los ámbitos de la internet. 

Si In the Court… es una pieza clave en el progresivo, Lizard posee el dudoso/gran (dependiendo de quien juzgue) honor de ser una de las primeras suites (ya sabéis, esas canciones de entre veinte y treinta minutos subdivididas por lo común en varios pasajes), sólo precedida -dentro de la txampions lij del progresivo- por Atom Heart Mother, o, para los conocidos, “esa cosa tocha del disco de la vaca”

El contenido del álbum, como de costumbre, es cosa fina: un tema ligerito (Lady of the Dancing Water), dos con los que un servidor se atraganta (Indoor Games y Happy Family), una excepcional progresión (Cirkus) y, finalmente, LAAA SUIITTEEEE (pronúnciese en tono barbárico), que a ese mismo servidor de unas líneas atrás curiosamente le fascina. 

La suite (Lizard) se divide en cuatro secciones siendo que la penúltima sección consta de tres partes. Pero no cerréis el post, calma, seguid leyendo; el asunto es más fácil de lo que parece; Wikipedia yo te invoco. El consejo que le profiero al no letrado en la materia es que escuché Prince Rupert Awakes, pop delicioso capitaneado por la voz del ilustre Jon Anderson. Al que me diga que no se lo pasa pipa con esos “nananana” le corto el cuello, y punto. Mi parte favorita de todos modos es Bolero - The Peacock's Tale, cuya melodía inicial de trompeta me parece uno de los momentos más hermosos de la discografía crimsoniana. Le sigue un desfile de instrumentos de viento no menos infecundo (vivan las dobles negaciones) que se exalta cuando los bronces empiezan a juguetear. El resto de la suite es harina de otro costal, una jungla de sonidos cuya exhuberancia, como casi siempre que hablamos de King Crimson, tarda en sernos revelada.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Asalto final al Rey Carmesí (II) (In the Wake of Poseidon)

En la Estela de Poseidón (chapter two)
De cuando Robert y sus efimeras compañias viajaron por segunda vez a un sanatorio para recoger dibujos de psicópatas...

Nunca me ha hecho especial ilusión la estética de King Crimson en sus orígenes. Demasiado extraña, poco acogedora, excelente eso sí para representar la esencia del grupo.

Con la huída de Ian Macdonald y su simpática flauta, la colaboración de los amigos de King Crimson Michael y Peter Giles, y el reclutamiento de alguno más por ahí, nuestros excéntricos favoritos se disponían a demostrar que In the Court... era sólo el comienzo. Para este álbum no se olvidaron de que su misión en el mundo era dar quebraderos de cabeza al oyente, algo que nos hacen saber con temas que, aun distantes musicalmente de Moonchild, mantienen su esencia de terrorismo auditivo. The Devil's Triangle es la prueba irrefutable de lo que digo. Hablamos de una canción que te arrastra a los infiernos, a los infiernos del aburrimiento; de once minutos que evocan muchas cosas, como el deseo de echar un vistazo para ver cuanto tiempo queda. Clamo a cualquier fan locaza que encuentre interesante esta canción a que exponga los maravillosos motivos que le unen a ella.

Los que no hemos sido tocados por la gracia de Fripp disfrutamos más de sonidos modestos y delicados como los que reune Cadence and Cascade, un perfecto número pop; ejercería aquí el mismo papel que I Talk to the Wind tenía en In the Court... Al hilo de ésto, se ha dicho que In the Wake... reproduce demasiado fielmente las estructuras marcadas por su predecesor. Comparaciones destacadas habría dos: la de Pictures of a City con 21st Century..., por aquello del saxo resultón y la sensación de que un elefante está arrollando el estudio de grabación al final de la canción; y la de The Court... con In the Wake of Poseidon, por los mellotrones invasores que le llevan a uno a pensar que King Crimson es de las bandas que mejor han sabido utilizar el mellotron para recrear con intensidad ciertas atmosferas. 

Cat Food, por su parte, es lo que los no entendidos en jazz llamamos "jazz", o sea, patrones rítmicos inusuales (aunque en esto el progresivo nunca se ha quedado atrás), un piano más indefinido que el sexo de Falete (siento hacer coñas de Falete a estas alturas) y percepción de caos en general. A su vez, los interludios de Peace (A Beggining, A Theme) ayudan a los dos hemisferios de tu cerebro para que se estabilicen de nuevo y estén en condiciones de seguir escuchando el disco. Bueno, estoy siendo algo injusto; a decir verdad, salvando las tres partes de Devil's Triangle, me encanta este álbum. No supone una revolución como In the Court... pero es muy convincente y un gustazo para los oídos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Asalto final al Rey Carmesí (In the Court of the Crimson King)

Hay veces, cuando pienso en escribir una entrada sobre algo, que me salta la neurona escrupulosa y toca huevos tratando de persuadirme de que no merece la pena publicar esa entrada, bien porque es un tema tratado en mil blogs -y en otra clase de espacios virtuales-, bien porque no constituye un aporte revolucionario a la humanidad... En fin, razones para no escribir en un blog hay muchas, y si nos parásemos a pensar en ellas esto sería muy aburrido y no habría casi nada para leer.
Me parece oportuna una reflexión así cuando de reseñar la discografía de King Crimson se trata. ¿Para qué? ¿Por qué? Respuesta multifunción: me sale de los cojones.

Bueno, lo mío es algo más que un capricho: los últimos días vengo rescatando los álbumes crimsonianos olvidados, saboreando mis discos predilectos y con la idea en mente de asaltar cosas como Red o Discipline, de los cuales sólo conservo recuerdos soporiferos. ¿Y vosotros? ¿Disfrutasteis con King Crimson a la primera? No respondais que sí, porque no os creeré.

En la Corte del Rey Carmesí (chapter one)
¿Por qué los últimos 8 minutos de Moonchild? ¿Por quéeeeeeeeeeeeeeeeeee?

En serio, me cuesta concebir que alguien encuentre un sentido a la segunda parte de Moonchild; no hay nada de valor musical en ella, sólo retazos de lo que -si Fripp y compañía hubieran tenido piedad- pudieron haber llegado a ser melodías. Aunque éste está siendo un comentario demasiado generoso; a decir verdad no es que la segunda parte de la canción no termine; no, el problema es que no llega a empezar. Hasta el mismo Fripp decía no sentir simpatía hacia ese fragmento.

Antes hablaba de "álbumes crimsonianos olvidados". Sinceramente, In the Court... era uno de ellos. De hecho yo confundía el mellotronismo solemne de The Court... con el de In the Wake... (uno de los símiles de los que ya hablaremos en la reseña siguiente, o no). También había olvidado como sonaba el saxo inicial de 21st Century... Bueno, "olvidar" tal vez no sea la palabra adecuada; más bien esos recuerdos sonoros seguían en mi cabeza, a la espera de ser resucitados en una nueva escucha.

Dos cosas no dejan de sorprenderme.
La primera, que un trabajo tan rompedor fuera acogido con tanto éxito. Ahí radica mucho de su valor, en rasgar el velo con un "mirad todo lo que se puede hacer". Si In the Court... hubiese sido publicado cinco años más tarde, cuando el progresivo ya estaba comodamente instalado, no sería lo mismo: para 1974 The Court of... quedaría en una simpleza compositiva y 21st Schizoid en algo interesante pero prescindible; por no hablar de I Talk to the Wind, que no pasaría de ser una pieza agradable al oído.
La segunda, que unos parcialmente desconocidos fueran los responsables de éste punto de inflexión. No había ninguna estrella en la primera formación crimsoniana. Por otra parte, lo revolucionario no tiene porque provenir de figuras archiconocidas; suele ocurrir incluso al contrario...


Bestial.