sábado, 31 de julio de 2010

Como NO educar a un hijo


Me encantan las macro-manifestaciones a favor de la familia, las que se montan en la capital de España y son seguidas por muchedumbres. Si, me encanta pensar que tanta gente ha podido disfrutar de su modelo familiar lo suficiente como para subir a un puñetero autobús e ir hasta Madrid con cárteles y chorradas varias a defender el cristianismo en un aspecto mas de la rutina diaria. Yo, bueno, vivo en el puto mundo real, el de la generación nini, el de las familias desorganizadas, el de padres e hijos que situados a escasos metros se sienten desconocidos los unos de los otros alcanzando así un sinsentido del nivel de aquel que rodeado de semejantes nunca se ha visto asimismo tan solo. ¿Realmente en este contexto la gran preocupación consiste en que dos sujetos del mismo sexo puedan casarse y adoptar? ¿Los padres de una generación no conocen a los habitantes de sus hogares y la problemática a la que enfrentarse son los matrimonios gays? Confirmado, los cristianos viven en otra jodida dimensión de happy life and flower power versión beata.
Es también posible que sea yo quien ha perdido la cordura, pero me resulta sorprendente que varias personas compartan techo en base a criterios exclusivamente biológicos, de sangre, como si la identificación, el respeto y el entendimiento mutuo fueran aspiraciones dejadas de la mano de Dios. Olvidar esos valores básicos es lo que conduce al alejamiento por el que el hijo pierde referencias y pasa a buscarlas fuera de casa, y fuera de casa hay mucha basura esperando a un joven idiota. Cuando un chaval ya no tiene aprecio por sus progenitores, cuando sus valores, sus costumbres y sus metas se alimentan de lo que recoge en la calle es cuando se avecinan los conflictos. Llega el día en que mamá y papá se preguntan “¿Qué he hecho yo mal? ¿Por qué mi hijo se gasta el dinero en droga? ¿Por qué mi hijo no estudia ni trabaja? ¿Por qué mi hijo es un bala perdida? ¿Por qué mi hijo no me presenta a sus amigos y a su novia?”
Entonces ese invitado discreto se vanagloria diciendo que “la culpa la tiene la sociedad”. ¡Exacto, la sociedad!, ese ente formado en un 5% por varones, otro 5% por mujeres, y otro 90% por personas que nunca llegaron a saber que se siente al reconocer un error. Admito en todo caso que el progreso de la historia se ha acelerado hasta tal punto que ahora las diferencias no son por estamentos, sino por generaciones. Eso sin embargo no escusa la pésima actuación de los padres de hoy día. Son ellos los que configuran el entorno de socialización primaria de sus vástagos, los que están en disposición de convertirse en las referencias principales, los que se supone que tienen autoridad. Aun así, no basta solo con mandar en los metros cuadrados de tu vivienda. Ser padre no equivale a ser jefe. ¡Y ay de quien ni es padre ni es jefe!

¡Que no te enteras, capullo! Que esto con padrenuestros y educación cristiana quedaba enterrado entre los desastres de la sociedad laica. Ahora traedme mi vara de castigo cristiano-civilizadora, también llamada "porra extensible".
Me figuro que ejercer de psicólogo durante varios días sería divertido. Desde mi despacho daría varios pasos hasta llegar a la sala de espera. Vería las caras de los que recurren a una solución médica para un problema de relaciones humanas. Enseguida regresaría a la consulta y, después de que el individuo me describiera la desdichada situación de la que tantas veces han sido testigos mis oídos, sería implacable en mis dictámenes con cada uno de los suplicantes.

Punto nº 1: ¿Tanto merecían la pena aquellas conversaciones de fútbol en el bar? ¿Subir en la jerarquía de la empresa era más provechoso que estar con tu hijo cuando descubría las lindezas de la sexualidad? A el le educó internet, y por eso cuando le asoman los dilemas prefiere escribeir en el buscador de google antes que dirigirse a ti. No le dedicaste el tiempo suficiente. ¿Era más divertido no chafarle la cara a tu mujer cuando te propuso engendrar un crío, verdad?


Punto nº 2: ¿Te creíste el propietario de la bondad, de lo aconsejable, de los caminos de obligado seguimiento? ¿No? ¿Entonces por qué tachaste lo externo al hogar como un cúmulo de maldades y miseria? Si no le hubieras inculcado a tu hijo prejuicios hacia las drogas del tipo “es mala”, “destruye vidas” el habría tenido una visión mas neutral y realista de las putas drogas. Pero no, tu hijo salió a la calle con tus prejuicios, el camello oficial de la cuadrilla le vendió mierda, el hizo su primer contacto con las sustancias y vio que no pasaba nada, que esnifar una raya no era lo que tu le habías dicho, sino una experiencia interesante y placentera. Entonces aquellas ideas preventivas que heredó de ti se derrumbaron y su única y frágil armadura quedó hecha añicos ante unos polvos que a simple vista eran algo francamente deseable. Cuando la droga mostró su cara verdaderamente amarga ya era tarde.


Punto nº 3: ¿Has intentado en alguna ocasión comprobar si tu hijo lleva marcado en su piel un código de barras? Ah, ¿qué no lo lleva? ¿Y por qué siempre le has tratado como a un producto, como a tu producto? Quisiste que el fuera todo lo que tu no pudiste ser. Nunca tuviste en mente sus gustos, ni te paraste a pensar que es lo que tu hijo realmente ansiaba de la vida. Por el contrario construiste vuestra relación sobre lo que tú querías que el fuera. Distorsionaste tu propia visión, hiciste de su educación un medio para alcanzar tus objetivos, y el ahora ya no te considera su padre.


Punto nº 4: ¿Por qué crees que lleva años mintiéndote? ¿Nunca te lo has preguntado? El te apartó de su vida ocultándote lo bueno y lo malo desde el día en que sacaste del armario la toga asumiendo el papel de juez, dictando desde tus prejuicios y tu sistema de valores institucionalizado. El te engañaba porque sabía que era más sencillo decirte cualquier cosa que te dejase satisfecho antes que contar la verdad y esperar tus grotescas muecas de indignación y perplejidad. Inconscientemente creaste un mundo para ti y otro para el para el, porque eras incapaz de aceptar sus decisiones. La intransigencia te ha robado la autoridad que un día pudiste llegar a tener.


Harto ya iría a la sala de espera. Diría alto y claro: “Vosotros no sois padres. Como mucho administradores. Vuestros hijos nunca han confiado en vosotros porque no les disteis la mano cuando ellos la reclamaban y desechasteis la
oportunidad de ser padres. Vuestros hijos son errores de la vida porque no han tenido un referente justo, cercano, y moderado en sus consideraciones. Creísteis que esto era un camino de rosas y ahora, necios todos, os habéis tragado las espinas. La senda de vuestra paternidad ya solo permite una anhelo: el de la convivencia pacífica entre absolutos desconocidos”
Joder, ¿tan caros estaban los condones?
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Pd: Escribo esto sin estar rebotado con mis viejunos. Mi relación con ellos es de hecho bastante buena. No obstante, de todos lugares y personas soy receptor de historias, sucesos y toda clase de desbarajustes paterno-filiales. Ninguno de ellos desata mi indignación. Es el echar balones fuera por parte de los responsables lo que me calienta.

Pd2: ¿El riff de esta canción está plagiado o son cosas mías? Me recuerda demasiado a otro grupo en el que no logro caer.


miércoles, 28 de julio de 2010

Under the Table and Dreaming - Dave Matthews Band


A la hora de hablar o escribir acerca de música, si no te dirijes concretamente a los miembros de un colectivo de gustos concordes y predecibles es posible que a veces cometas el error de pensar que la fascinación que mantienes hacia algo es un valor compartido por los demás, es decir, que si quienes te atienden no son integrantes potenciales de un grupo determinado nada te garantiza que la escucha que propones llegue a todas las personas.
Como lector son incontables las veces que no me ha gustado lo que otro describía con palabras casi beatíficas. En fin, es lo que tiene esto, y no hay nada malo en ello. Es mas, yo aquí hago referencia a mi música preferida, pensando en lo que significa para mí aunque con las palabras trate de llegar a alguien. Asimismo doy por hecho que la fusión que propone la Dave Matthews Band puede ser un plato de mala digestión para quien no esta acostumbrado a un sonido imprevisible que coquetea con el jazz mientras consigue ofrecer a su vez momentos de peculiar rock. Os invito a que olvidéis esta contraproducente descripción, porque Under the Table and Dreaming es un disco excelente y disfrutable por cualquiera.



La historia de esta banda me gusta. No hay contratos millonarios ni figuras excesivamente famosas con mansiones en Miami. El de Dave Matthews era un ambiente más alternativo, más discreto, pero repleto de grandes músicos. Dave era uno mas a pesar de que el ni se reconocía como tal ni se hallaba delante de los focos cantando y tocando la guitarra. Su puesto por entonces estaba en la barra del bar. Aquí terminaría esta reseña de no ser porque nuestro amigo decidió un día ser actor en lugar de espectador, y en el entorno musical local aquello gustó. Varios discos de platino certificarían más tarde que el estilo de Dave Matthews Band interesaba más allá de los límites de una pequeña ciudad de Virginia.
El nombre del grupo resulta algo megalómano de no ser porque Dave Matthews fue su único fundador. Los otros miembros llegarían mas tarde. Al igual que el eran gente preparada, con experiencia y autentica vocación. Alguna gira, un comienzo modesto y de aquí para allá y tiro porque me toca. Es una forma simple de resumir lo que ocurría hasta 1994, año de lanzamiento del disco con que daban pistoletazo de salida a una carrera cargada de éxitos.
Under the Table and Dreaming de primeras se hace extraño. No hay estribillos pegadizos y la guitarra eléctrica destaca por su ausencia. La riqueza de este disco reside en sus matices instrumentales, sus cambios de ritmo e intensidad propiciados por melodías geniales y vivas en las que el saxo desempeña un papel esencial y soberbio.




The Best of What's Around es la notable apertura del álbum. Dave Matthews recibe con su característica y versátil voz al oyente a los pocos segundos en una canción bastante representativa del disco. La guitarra acústica, el bajo, y la batería dan pie a Dave a la espera de LeRoi Moore y su saxofón, que desde el minuto 1:41 ya empieza a dar la textura perfecta, pero nada como el salto del minuto 2:00. Absolutamente brillante. What Would You Say era uno de los singles. Ello se explica mejor tras darle al play. Primero la armónica y bastante mas tarde la flauta dotando a la canción de ese agradable añadido. El estribillo es tremendo, pero yo siempre espero impaciente el minuto 2:16. En los pocos segundos que la batería se ausenta aparecen de la nada palmas y guitarra para crear un ambiente festivo en el que un fogoso saxo vuelve a deslumbrar. Pequeñas subidas y bajadas caracterizan Satellite. Ritmo lento, prudentes líneas de guitarra y un Dave Matthews más íntimo que pasan enseguida a ser algo más colorido y optimista. Rhyme & Reason alterna sin cesar dos secciones bien diferenciadas. La primera de ellas hace gala de guitarra acústica para poner un poco de intriga y servir de preámbulo. Entonces la canción se prende por unos segundos (0:47). La segunda vez (2:00) no dejará concesiones. Carter Beauford aporrea la batería mientras Dave se desfoga con sus estrofas. Llega la tercera (3:27) con una voz desatada y efectos de fondo que producen una escena gloriosa. Tras esto la calma es bien recibida. Typical Situation nos teletransporta a algo en apariencia mas tranquilo de manos de un buen punteo acústico. El bajo, Dave, y un violín hacen el resto. Atención a los deliciosos momentos que suscita la canción desde el minuto 3:20. Dancing Nancies en esencia no supone nada nuevo. Siguen prevaleciendo fantásticos arreglos instrumentales.




Ants Marching era otro de los singles. Recoge en uno de sus versos el título del disco (Under the Table and Dreaming). Es como otros temas en la medida en que los matices de saxo y violín aparecen entre estrofa y estrofa o simplemente acompañando a Dave y terminando por exaltarse en el 3:20, aunque a estas alturas algo así ya se hacia predecible. Y ahora si, Lover Lay Down es un tema para deleitarse y verdaderamente sosegado, no como Typical Situation con sus sorpresas. Si uno llega hasta la novena canción ya sabrá bastante bien a que suena Dave Matthews Band. Así que a estas alturas Jimi Thing difícilmente será motivo de asombro o extrañeza. Warehouse se hace demasiado larga. Las líneas acústicas iniciales van perdiendo esa peculiar tensión con el paso de los segundos. Entonces se acontece lo que nadie se podía imaginar: un ambiente 100% caribeño (2:52). Y el camarero sin traerme mi Banana Daiquiri... Pay For What You Get sabe a jazz, casi tanto como #34, conclusión instrumental en la que el dulce saxofón abandona gradualmente la monotonía de una melodía repetitiva para llegar a vibrar con otro de esos quiebros inesperados (4:00).

martes, 20 de julio de 2010

Houses of the Holy


Sosiega por segundos tu mente e imagina lo siguiente. Te encuentras sumido en la absorbente oscuridad de una discoteca, seducido por las palabras de una mujer que en esos momentos parece explosiva. Habiendo detectado entre ambos una buena conexión os dirigís a tu casa atravesando una calle sin farolas, entrando en un portal de la era medieval y subiendo por un ascensor cuya luz más brillante no es otra que la de emergencias. Todo resulta perfecto hasta que ella va a al baño a hacer sus nobles tareas de fémina mientras tu, desengañado, contemplas esa nota que del bolsillo de su abrigo desciende con ligereza hasta el suelo y te percatas de que aquellas frases cautivadoras estaban estudiadas con antelación y probablemente las haya sacado de Internet. Y por si fuera poco a ella no le gusta hacerlo a oscuras, de modo que con un tímido hilo de luz regulado por la lámpara estás obligado a percibir las notas disonantes que impone su bello facial de mujer que no se preocupa excesivamente por su imagen. Es algo en lo que no habías podido fijarte por la oscuridad previa. Con esto la situación en pocos minutos ha perdido mucho atractivo, pero tu eres un ser viril y no te gusta desaprovechar oportunidades, así que te propones terminar la faena. ¿Y quien te lo iba a decir? Todo acaba maravillosamente. Mantenerse impávido ante el desencanto de ver ese bello facial ha merecido la pena y todo ha concluido en un colofón de proporciones épicas, tan inolvidable como aquella vez que viste a Iniesta siendo elocuente en una entrevista.
Salvando matices como que son los tíos los que se dirigen a las tías con frases de elocuencia cero y de que una mujer explosiva en una noche de libertinaje no abre tanto los labios de la boca como los labios del... (si, eso), podría hacerse un símil sin duda desafortuando entre esta secuencia obscena y la escucha de Houses of the Holy.

Es para mi un disco terriblemente desequilibrado y que por tanto no me deslumbra en su totalidad. De todo lo que grabaron en Stargroves alejados del mundanal barullo urbano de Londres estoy seguro de que podrían haber seleccionado con mayor maestría el material que en aquel momento tenían en mano. Aunque hay que ser cauteloso a la hora de evaluar la discografía de Led Zeppelin. La transformación de su sonido se percibe con suma claridad, pero cada oyente es un mundo, y tengo comprobado que respecto a esta monumental banda no hay dos personas con preferencias iguales. Así que si a alguien le fascina No Quarter mientras manifiesta serena indiferencia hacia Kashmir, que me de su número de teléfono por email, somos almas gemelas.


Lo que no deja lugar a dudas es que en 1972 estos tíos ya eran profesionales y tenían asegurada una abrumadora base de fans además de recursos económicos y una discográfica que se limitaba a distribuir sabiendo que en el terreno musical y artístico el futuro era dictado por Jimmy Page y compañía. Después de publicar -no sin trabas- LZIV con esa portada tan sumamente anticomercial, la frontera que separaba lo que Led Zeppelin quería hacer y lo que Led Zeppelin hacia de verdad había desaparecido definitivamente. Houses of The Holy revela este hecho con especial intensidad. La búsqueda de nuevos sonidos prevalece del mismo modo que la libertad a la hora de componer, un motivo de deleite para unos personajes que se consideraban artistas y no meros fabricantes de superéxitos.


The Song Remains the Same además de ser una de las pelis mas frikazas de la historia es la grata y optimista introducción del disco. Page aprovecha durante toda la canción para intercalar muestras de su tremenda versatilidad con la guitarra. Le sigue The Rain Song, una de las composiciones más deliciosas del disco. Más de 7 minutos de apaciguamiento en una serie de melodías en las que un sobrio Page pone el toque acústico que tan magistralmente acompaña al mellotron de Jones. Un cambio total irrumpe y la canción se aviva hasta niveles insospechados (5:00). No puede quedarse indiferente quien escucha cuando todo el equipo contraataca lon un Plant reanimado y un John Paul Jones dejando claro que su participación en este disco va a ser algo más que reseñable.
Over the Hills and Far Away recuerda a temas de la cara B de LZIII. A lo largo de casi 5 minutos de ascensos y descensos las capas de distorsión van sucediéndose, siempre escoltadas por la guitarra acústica. Es The Crunge el tema que rompe la sintonía general aparte de sonar mal. Por mucho que la concibieran como una parodia de James Brown y el soul me parece una forma tonta de malemplear minutos.


Dancing Days no rescata el buen ritmo que llevaba Houses of the Holy. El riff acaba haciéndose machacón y su estructura no aporta nada nuevo ni interesante. Y poco mas se puede añadir sobre D’yer Mak’er, una de esas composiciones que al menos refleja la pugna de Led Zeppelin por encontrar la diversidad y acometer toda clase de sonidos.
Y con esto ya ha pasado el mal trance. A continuación No Quarter, la majestuosidad hecha canción. Me figuro que no soy una excepción cuando reconozco que tengo ligero temor a perder el gusto de aquello que significa tanto para mi, bien por factores inciertos, bien por abusar de la repetición. No Quarter entra en esa categoría. Es el pasaje inolvidable del disco. En una atmosfera relajada son las oscuras y enigmáticas notas iniciales de piano las que canalizan mi emoción, a sabiendas de lo que viene después. La sección rítmica abre las puertas a ese penetrante riff (1:02) capaz de ensimismar al mas reacio (e importado por John Paul Jones). No se si es por la característica distorsión o yo que se, pero esto es jodidamente catártico. La misteriosa melodía se repite (2:30) y, como antes, vuelve a evaporarse en la bruma de una sección puramente instrumental (3:00) en que la atmosfera del inicio se recrea de nuevo otorgando al piano el derecho a profundizar en esas maravillosas melodías. No se quedan atrás las líneas de guitarra eléctrica. Y vuelta a la carga. Regresa el mágico riff complementando a Robert Plant (4:50), cuya voz termina tornándose en delirantes aullidos recién salidos de las tinieblas. La letra hace referencia a sucesos épicos y mitológicos de un Led Zeppelin cuyos componentes, desde hace años, habían ya empezado a mostrar su interés por estas temáticas. The Ocean es el momento más rockero del disco. El riff pesado produce un buen contacto a la primera escucha y la canción en general se digiere bien gracias al solo adelantado de Jimmy y al excelente cambio (parece incluso otra canción) justo un minuto antes del final. Jovial manera de finalizar.

lunes, 19 de julio de 2010

GTA Vice City - V Rock


¿Podría calificarse esto de entrada friki? No, imposible. El puto GTA es símbolo de una generación. Los partidos de futbol entre quinceañeros nunca llegaron a sucumbir. Tampoco después del 2002 los jóvenes dejaron de ir a las piscinas en los sofocantes meses de Julio y Agosto. No obstante, a inicios de siglo la industria de los videojuegos se iba adjudicando aceleradamente uno de los primeros puestos en el ocio de una extensa masa de jovenzuelos. Digo que esto no es una entrada friki porque la fama del GTA no creció gracias a cuatro asóciales, sino a millones y millones de enanos -y no tan enanos- que en aquellos años pasábamos largas horas en frente del ordenador, ya fuera en casa o en esa antigualla conocida como cibers, los cuales tuvieron un apogeo bestial. No se mantuvieron durante más de un lustro, pero a los pocos meses no son muchos los negocios que pueden presumir de estar a todas horas absolutamente repletos de gente.
A continuación interpretaré el papel de abuelo-que-inventó-algo-pero-nadie-se-lo-ha-reconocido, como el viejales de Los Simpson que afirmaba ser el creador de Rasca y Pica. Bueno, pues yo no descubrí nada, pero desde el comienzo de mi periplo en este mundo siempre reivindiqué que alguna productora debía lanzar al mercado un videojuego en el que te pudieras mover libremente por el mapa y hacer lo que te diera la gana en vez de realizar misión tras misión en un escenario muy limitado y sin capacidad alguna para decidir. En eso GTA daba un paso adelante. Podías pegar tiros a diestro y siniestro wherever and whenever, hacer tu ruta turística ultra-violenta en camión de vertedero y esas cosas que tanto molaban. Aun recuerdo como mi hermano me comentaba en tono de sorpresa que habían sacado un juego con tan atractivas características mientras yo me iba poniendo las zapatillas para ir raudo al Carrefour a comprobar si nuestra chatarra virtual cumplía los requisitos mínimos.
No hace falta decir que el vicio fue excesivo, desorbitado, salvaje. Además, cuando terminabas el modo historia tenías un sinfín de cheats para divertirte largo tiempo delante de la pantalla. En caso contrario quedaba la opción de meterte en el vehículo (robado, por supuesto) a hacer acrobacias de alucine o a disparar por la ventanilla al ritmo de unas cadenas de radio que como recopilaciones estaban de puta madre. V-Rock era la mejor. Hard rock, glam, y metal variado. ¿Se puede pedir más? En esos días yo pensaba que Slayer era una marca de abrillantador y Twisted Sister la nueva serie norteamericana para adolescentes aburridos de Antena 3. Daba igual. “I Wanna Rock” te entra por los cuatro costados aunque no hayas oído hablar en tu vida de Dee Snider. Asimismo ocurre con “Turn Up The Radio”. Para lanzar misiles desde el helicóptero militar Peace Sells era perfecta. ¿Quién no quiere ametrallar civiles mientras escucha ese todopoderoso solo de guitarra? Iron Maiden, Judas Priest, Motley Crue, Ozzy, Anthrax... Sería un placer poder ir en mi coche (como un conductor pacifico, que conste) escuchando una emisora que pinchase a estos grupos. Mientras no sea así siempre tendremos esta fantástica recopilación. V-Rock rocks!

Apuntar por último que en cuanto a la eterna polémica que existe con el tema de la violencia y los videojuegos empezaré a respetar a los colectivos quejicas cuando estos se muestren igual de exaltados y activos contra la emisión de violencia en los informativos y en toda clase de productos audiovisuales. Porque a mi que no me toquen los cojones. Si Avatar, ese truñon cargado de disparos y explosiones está consentido para menores de 18, que nadie ponga el grito en el cielo cuando un chaval de 15 años empieza a matar mafiosos en un ordenador.



martes, 13 de julio de 2010

Quella Vecchia Locanda

“¿Eh, y a ti que música te gusta?” Hace unos cuantos años no sabía responder a esa pregunta. No era un melómano y lo que mas me llamaba eran los hits de 40 principales. Tuve incluso mi época de Madonna. Confessions on a Dance Floor me parecía un saco de temazos que hasta hoy día me atrevería a bailar -intentar bailar- en plena discoteca bajo el haz de los focos oscilantes. Ha pasado mucho tiempo de eso. En aquel momento no diría que me gustaba Madonna por vergüenza, aunque en la actualidad el contexto no ha mejorado mucho para mí. Puedo expresar todo mi entusiasmo por grupos como ACDC o Metallica, pero ¡ay!, mejor que no cruce la delgada línea roja que distingue en las respuestas el “si, tío, ¡pedazo grupo!” del “wtf? ¿Eso que es?”. En la realidad esto toma una forma que no me incita a hablar, por ejemplo, de bandas de rock progresivo. Si soy audaz me permito hacer referencias a Pink Floyd y poco más, que al menos le suena a todo el mundo, aunque solo sea por los primeros acordes de Wish you Were Here.
El rock progresivo italiano es ese subgénero que no lo conoce ni su padre en la cultura popular. A este hándicap se le añade el paso del tiempo. Hace más de treinta años desde la grabación de aquellos portentosos álbumes que germinaron influenciados por lo que venía de Inglaterra, pero también por un conocimiento extenso en géneros más sofisticados como el jazz o la música académica. La de los italianis es una variante sumamente extravagante y atrevida, con alto grado de experimentación y amplia libertad a la hora de componer. Pero esos elementos básicos se adecuan a un sonido distinto en el que teclados e instrumentos clásicos tienen frecuente presencia.


Quella Vecchia Locanda no suele ser catalogado entre los grandes del género (PFM, Banco del Muto Soccorso y compañía), cosa que nunca he llegado a comprender, pues sus dos únicos discos de estudio me parecen obras extraordinarias. Formada la banda en 1970 y de condiciones equiparables a las de otros grupos del genero en cuanto a la preparación de sus miembros, tardarán dos años en presentarse al público, recabando a paso ligero los apoyos suficientes con los pugnaban por lanzarse a grabar su primer disco, Quella Vecchia Locanda.
Se llama concerto a una composición cuya característica principal es la preeminencia de un instrumento solista sobre el resto de la orquesta sinfónica. Bueno, no se si será un símil afortunado, pero en cierto modo el pop y el rock (siendo un poco ambiguos) se desarrollan sobre una estructura parecida en la que destacan unos elementos sobre otros, usualmente la voz y la guitarra. Este disco, como muchos otros, se aleja de esas formas. Lo que aquí se presta a escucha da protagonismo a todos los instrumentos. Es de agradecer también la inclusión de piano, violín, flauta y clarinete al bajo, guitarra y demás artefactos elementales. Aportan nuevas texturas sonoras, se complementan perfectamente con el resto y en ningún momento llegan a saturar al oyente no experto como si lo pudiera hacer un concerto para piano, por ejemplo.
Precisamente ese es uno de los pilares sobre los que reside la riqueza de este disco, su accesibilidad. La consigue pese a contener cambios de ritmo, estructuras meramente progresivas y sonidos originales y vivaces. Del mismo modo en esa miscelánea musical encontramos melodías y atmósferas terriblemente atractivas. Algunas duran poco, y esto llegaría a tener alguna relevancia de no ser porque hablamos de una sucesión de temas plenamente genuinos.



Prologo inaugura esta prodigiosa travesía. El fogoso violín de Donald Lax toma relevancia durante buena parte de la canción, bien en esos solos intensos, bien acompañando a la voz. Tras repentinas variaciones en el sonido regresa la melodía inicial, esta vez cumpliendo la flauta el papel destacable. Con Un Villaggio, Un'Illusione ocurre lo que antes he mencionado. Es muy rica pero corta de duración. Clásico, muy clásico suena el violín inicial. ¿Quién se esperaba unos segundos mas tarde ese despliegue de potencia? -dentro de lo que cabe-. Buen ritmo de batería para consolidar el riff de guitarra mientras Giorgio Giorgi desboca con la flauta. Sensacional la línea de bajo que empieza a sonar después de minuto y medio. Sirve de interludio para que todo el equipo vuelva a la carga en base a un cambio de ritmo bestial. Realta' se abre bajo una calida atmosfera inicial de pajarillos y guitarra acústica. Como en el resto del disco, aquí, los arreglos orquestales vuelven a deslumbrar mientras la canción gira entorno a las estrofas vocales de Giorgi, secundado en ocasiones por tenues coros. El cuarto tema, Immagini Sfuocate, queda dividido en dos partes fácilmente reconocibles. La primera resulta sombría y caótica hasta que el estruendo de la batería rompe para acabar diluyéndose en acelerados golpes, dando así paso al momento mas ácidamente rockero del disco. Fantástico el trabajo de Patrick Traina en la batería.
Il Cieco vuelve a combinar con absoluta maestría momentos de calma con escenas de imponente estallido rockero. Todo ello con una buenas dosis de sintetizador, el cual también estará muy presente en la siguiente canción, Dialogo. Aguardan en este punto tamborazos a diestro y siniestro, un delicioso clarinete que va a su onda, y una estupenda sección final. Nos vamos acercando a la conclusión del disco mientras llega Verso La Locanda, ocasión ideal para afirmar que estos tíos tenían la increíble capacidad de crear excelentes canciones de progresivo en escasos cinco minutos. A destacar aquí el violín que surge en el primer minuto, sentidas y vibrantes notas salidas de las cuatro cuerdas. Es un piano predominante el que se permite cerrar el disco con Sogno, Risveglio E... donde ya solo participan instrumentos de orquesta. Placentero final.