viernes, 31 de diciembre de 2010

Apasionada y nada navideña reivindicación del egoísmo

Ajeno al fin de año me dispongo a polemizar. El ser humano es un ser egoísta salvo anomalía y el altruismo resulta una ilusión de nuestro tiempo. ¿Impactantes afirmaciones, verdad? ¡Monstruosas! Se le retuercen a uno los músculos de la cara con solo leerlas. Luego viene la psicosis y los bailes en plan “esta yegua no es mi vieja yegua gris”.


Todo sea por dar colorido a la entrada, tusabeh.

Llevaba tiempo queriendo dar forma a mis ideas respecto del egoísmo, palabra usada tan frecuentemente con tintes peyorativos gracias a una ola de corrección política que ha etiquetado como malo lo que le ha salido de los cojones. La crisis económica ha agudizado la condena social hacia el egoísmo en base a la creencia de que los responsables del marrón han sido varios burgueses con sombrero de copa que han practicado el menosprecio por todo aquello que no fueran sus cuentas corrientes.

Egoísta no es, en mi opinión, el que abandona a otros a su suerte. Tampoco lo es quien elude los intereses de los demás. En un intento por abandonar ideas preconcebidas y enfocar el asunto de la manera más racional posible, mi definición sería la siguiente: egoísmo es actuar y decidir conforme a fines que hemos seleccionado y cuya realización nos satisface. Entiéndase que la satisfacción es relativa a cada persona. Un masoquista que recibe latigazos es una persona satisfecha. Un estudiante compulsivo que obtiene matriculas de honor también, al igual que un corredor de encierros que termina la carrera sin ninguna contusión. Satisfacción es por tanto lograr algo deseado. Así que, del mismo modo que actuamos en función de metas que nos producen satisfacción, evitamos por todos los medios todo lo que no nos provoque ninguna clase de satisfacción. El común denominador de todo lo que vengo diciendo en este último párrafo se aprecia fácilmente: Toda acción se orienta hacia el yo, hacia las posibles repercusiones que produzca en mí.

Pese a que el sustrato de la decisión sería siempre el mismo (es decir, “yo me guío ante todo por mis intereses”), los niveles de manifestación varían. En un extremo encontraríamos al hombre que no tiene en cuenta los intereses ajenos a la hora de formular los suyos propios (ligado en el imaginario colectivo a un tipo cruel y maloso). En un escalón mas bajo se hallaría aquel que trata de no hacer amplias demostraciones de egoísmo, aunque lo sea en buena medida (no tanto como en el primer caso). Ejemplos especialmente interesantes me parecen el del hombre que sufre desamor o el que ve morir a uno de sus seres queridos. Ambos son momentos en los que el egoísmo eclosiona, pues las frustraciones de la persona se desarrollan en torno al “¿qué será de mi?” o “¿ahora que voy a hacer?”, es decir, solo se tiene en cuenta el yo. En otro nivel estarían los que usan la apariencia de altruismo como un instrumento con el que alcanzar ciertos fines. Véanse futbolistas visitando hospitales o futbolistas dando un rodeo por África (son afirmaciones ligeramente arbitrarias, lo se). Y ya en un extremo totalmente opuesto al mencionado al principio, estarían las personas que se consideran altruistas de verdad, lo cual no implica que lo sean. Yo tengo la creencia de que no lo son, y para no ganar el primer premio a la cerrilidad, expongo a continuación mi razonamiento.


-Señor Beckham, le agradecemos que venga a Ghana en momentos tan...
-¿Ghana? ¿Pero esto no era la zona de el rey leon de Disneyworld?
-No.

Consideremos de entre los muchos criterios que condicionan una decisión humana aquel por el cual se actúa conforme a intereses propios (“pienso en mi satisfacción”) o a intereses ajenos (“deniego mi interés para hacer predominar el del otro”). Unos y otros intereses estarían en conflicto constante y (he aquí la clave) solo puede acabar predominando uno de los dos. No hay lugar a la integración que posibilitaría un egoísmo de corte altruista, pues en la medida en que ayudamos a otros o pensamos en los demás buscando (consciente o inconscientemente) alguna clase de satisfacción, la esencia del altruismo se dinamita. ¿Se concibe acaso que algunas personas procuraran el bien de otras aun hallando sufrimiento y angustia en ello? Eso si sería altruismo y, no se vosotros, pero yo nunca he tenido la oportunidad de contemplar fenómeno semejante.

Evidentemente el que yo no haya podido observar altruismo no es motivo suficiente para hablar de un egoísmo connatural al ser humano. De hecho es total mi desapego por las teorías que pretenden explicar conductas humanas hablando de características innatas. Por ello la mayoría de los griegos y gente como Hobbes me caen como la mierda. Sin embargo los humanos, por nuestra faceta más animal, tratamos de evitar el dolor y las malas condiciones. En ese sentido de ningún modo estamos dispuestos a sufrir para salvaguardar el interés de otro. Solo actuamos si hay satisfacción de por medio. Podemos repartir mantas en un albergue para sentirnos bien con nosotros mismos, pero nunca haríamos algo así si esa actividad no nos proporcionara nada. Importamos nosotros, nuestros fines. Ante todo. El altruismo… yo es que no lo veo, colega.

Bien, hasta aquí la parrafada. El que discrepe puede expresarse abiertamente. De hecho yo solo busco un poco de certeza. Vamos, que cualquiera con ánimo de convencerme de otra cosa tiene vía libre. Eso si, pido por favor que quien venga aquí con ganas de batalla dialéctica haya leído y comprendido (o intentado al menos) mis argumentos antes de cuestionarlos.

Que tengáis todos un buen año 2011 y sobretodo que aquello que de primeras pinta bien no acabe pintando mal como tantas veces suele ocurrir en esta cachondísima existencia.


domingo, 28 de noviembre de 2010

Koreanos locos y videojuegos chulos

Mi faceta de adivino no me ha dado muchos éxitos. Nunca he ganado una bonoloto. La suerte tampoco me ha sonreído con los euromillones. Es cierto que nunca he puesto un céntimo en ninguno de los dos juegos, pero eso son detalles insignificantes. No he nacido para predecir, vaya. Lo más depresivo del asunto es que mi primer acierto no va a procurar buenas consecuencias. Ni a mí ni a nadie. Hace dos meses y medio auguraba en este mismo blog un posible desenlace catastrófico a causa de los rifirrafes entre las dos koreas. Pues bien, por lo visto los dos púgiles se han colocado los guantes y quieren pelea. Mierda, la primera guerra mundial empezó así, por culpa de un mini conflicto en el que los mongólicos de turno iban de guays con el puto nacionalismo. Esta vez no son mongoles, sino koreanos. Santa Madonna, ¿puede la civilización entrar en caos por culpa de unos fistros que tienen los ojos deformes? Quizá esa sea la causa. Debido a los ojos rasgados no pueden ver que alcanzar la felicidad es inversamente proporcional a jugar a los misiles con el país vecino.

Bien, ahora que ya he ejercido de informador frívolo iré al tema que en verdad hoy tenía pensado tratar. Toca hablar de videojuegos. Quien nunca se ha acercado a una consola o al pc para echar unas partidas seguramente se pierda entre nombres y aventuras que solo un gamer puede entender. Yo aviso, leñe.

Soy al igual que los koreanos un tío aficionado al combate. Al combate online. Mi predilección por juegos de esta clase siempre ha sido muy alta. Tantísimas horas dedicadas al Counter Strike, al Call of Duty 2 y a las battlegrounds del World of Warcraft. Su diversión se basa en la mera simpleza que proporcionan dos bandos y el único objetivo de matar al contrario gracias a unos buenos reflejos y a lo que en lenguaje freak se denomina “tener manos”. Lo contrario es ser manco. Llamar manco a alguien en una partida online es casus belli de toda la vida. Los últimos meses vengo disfrutando de un juego muy en esta onda: League of Legends. Lamentablemente muchos de los equipos con los que estoy condenado a jugar abundan en noobs y afks (away from keyboard. Sigo con los términos freaks). Me jode perder por culpa del ajeno cuando yo he hecho una gran actuación. Es como ser el tío que le echa la vida a su parte de un trabajo en grupo y que luego suspende porque sus compañeros son unos patanes. Bueno, hablo de cuando perdemos. Cuando ganamos es otra historia. Respiro aliviado y dejo que las endorfinas liberadas me teletransporten al paraíso.


Ohh, siii, índice de asesinatos 24-1. Esto no lo supera ni aquella vez que acerté once en la quiniela.

Mi afición a los videojuegos no es muy variada, pero más allá del online de vez en cuando me dejo cautivar por las buenas historias y los juegos que logran hacer a uno parte de un universo único. Hace dos días me pasé el Mass Effect 2. Mi amigo Aitor tenía razón en su descripción. Una joya de proporciones épicas. La misión final sumerge a la persona con una secuencia cinematográfica alucinante que después de unos minutos cede el turno al jugador. Cine y videojuego. Acción y rol. Todo en uno. Una fusión gloriosa. Me ha hecho recordar otras experiencias muy interesantes frente a la pantalla. La saga Metroid Prime también iba de naves, planetas lejanos, y bichos asquerosos. Para ser de los años 2003 y 2004 y tener como plataforma la efímera Gamecube, la calidad gráfica era notable. En definitiva otra estupenda combinación entre escenarios flipantes y una historia lograda. No obstante algunos juegos de esta onda tenían siempre una pega para mí: me ponían muy tenso. Por ejemplo, el primer Metroid Prime no lo llegué a terminar. La última misión duraba aproximadamente una media hora y caer muerto significaba volver a empezar, volver a acabar con las patrullas, volver a destrozar la coraza del malo y, finalmente, volver zurrarle al malo. Probé a cargarme al boss. No lo conseguí y nunca más volví a intentarlo. Si, una tragedia.


Avisad qué vais por la espalda, cabrones.

Entenderéis pues que no me hacían ninguna gracia los típicos videojuegos en los que hay que manejar a un héroe cuya encomienda es zumbarse él solito a un ejército. Por ejemplo, ¿cómo se puede concebir que un soldado americano sea capaz de curtir el lomo a todo un batallón alemán? Es extremadamente irreal, y odio estar solo frente a un millón de enemigos. Por eso llevo mejor los juegos de acción en los que el protagonista es acompañado por una serie de bienhechores. Mucho mejor aun saber que estoy jugando con personas de carne y hueso. World of Warcraft, uno de los grandes mmorpgs (massively multiplayer online role-playing game. Si, tiene tela), satisface ese deseo de forma impecable. De hecho para avanzar es preciso complementarse con otros jugadores.

Recuerdo como los primeros días con el WoW quedé estupefacto. Yo era un iniciado. Escogí la raza de los elfos nocturnos. El tamaño del mapa impresionaba. Había tantas zonas por descubrir. Ni más ni menos que un mundo que se advertía exótico y completamente desconocido. Sentí la particular curiosidad que me posee cuando me encuentro en un lugar lejano del que no sé nada. Estaba empeñado en lanzarme a “ver mundo”. Aunque tenía que ir paso a paso, pues mi equipo (armadura, espada, etc) era una basura y bastaba alejarme demasiado para que cualquier ínfimo monstruo me destrozase. Iniciaba la aventura en una isla apartada de Kalimdor (uno de los continentes). Los árboles eran tan altos y presumían de tanto follaje que la luz del sol difícilmente atravesaba la espesa capa de hojas. La banda sonora creaba el aura de misterio perfecta. Y yo mientras tanto era un pelele enamorado de la atmosfera del juego. De repente vi como un enano a caballo se acercaba a mí. Tenía una armadura deslumbrante y se notaba que el sujeto había combatido en muchas batallas. Me dijo que venía de otro continente y yo, al no conocer más que mi pequeña islita, me preguntaba que podía haber ahí fuera.


Esos troncos deben tener unos años.

Es solo una de las incontables experiencias que he tenido durante unos dos años jugando de forma irregular al WoW. El trabajo de Blizzard ha sido titánico. Se merecen con creces todo el dinero embolsado. Sin embargo fueron partícipes de una blasfemia. En 2009 se celebraba una convención de frikis llamada Blizzcon. El invitado estrella era Ozzy Osbourne, también conocido como el bufón del metal. No me gusta Ozzy Osbourne, y no me gustó que en aquel paupérrimo directo hubiera un niño japonés ejerciendo de Randy Rhoads en Crazy Train mientras papa Ozzy le daba palmaditas y le cogía con cariño. Joder, Crazy Train es un clásico del heavy, no la nueva atracción de Disneyworld.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Conclusión: la colonia es para los gayers

Pues ayer anoche estuve viendo un rato La Noria, el programa de Telecinco. Lo hice porque en general es más divertido degustar un plátano delante de la televisión que frente a los azulejos de la cocina, salvo que uno tenga la suerte de residir en alguna villa cuyas paredes sean patrimonio cultural protegido por la UNESCO. No es el caso.

Para no perder mi honor matizaré que solo me tragué telebasura durante unos pocos minutos, y que más tarde procedí con actividades mejor reconocidas socialmente. El protagonista del programa en aquel momento era el padre de Marta del Castillo. Por lo visto el hombre ha reunido un millón y pico de firmas con las que pretende que el parlamento considere su propuesta de llevar a cabo un referéndum en el que se votaría si incluir la cadena perpetua como posible sentencia. Sentí una especie de horror al ver como las diversas ocurrencias de este hombre eran aclamadas por el público. Después recordé aliviado que los espectadores de los programas de televisión hacen a cambio de unas pelas lo que el regidor quiere. No obstante han sido demasiadas las personas que se han dejado llevar por el populismo. Acojona. Se me viene a la cabeza las palabras de Maquiavelo en las que tanto énfasis lleva poniendo un profesor nuestro durante las últimas clases: “Quien engañe, encontrará siempre quien se deje engañar”. ¿Cómo tras cinco siglos puede seguir habiendo tanto iluso dispuesto a demostrar que esa cita está de actualidad? Si bien no queda muy claro quién representa el papel de manipulador social (PP y mass media han contribuido inestimablemente), el colectivo de timados se ha tragado de lleno toda la argumentación en favor de la cadena perpetua. Me deja helado pensar que el asesinato de una chavala (que por muy doloroso que sea para la familia no pasa de nimiedad. Lo digo alto y claro) pudiera ser la causa primera de que la legislación abriera las puertas a la cadena perpetua. ¿Alterar algo tan importante en base al impacto sentimental que produce la imagen de dos padres destrozados? Hostia, la peña está zumbada.

Será pues esta una de las pocas ocasiones en las que daré gracias a la estructura política existente por apartar la susodicha propuesta de los llamados “asuntos serios”. Imagino las reacciones. Los padres de Marta convocarán a los medios para decir que el sistema no funciona, los bobos se indignarán, y yo seguiré siendo un joven bastardo incapaz de incorporar en su rutina la noble costumbre de madrugar. ¿Para qué sirve un despertador cuando no se tienen obligaciones pendientes a la mañana? Efectivamente, para nada. Me pregunto quién fue el mongolico al que se le ocurrió que un artefacto que hace pitidos sirve de algo. Mi teoría es la siguiente: Lo que insta al dormilón a levantarse no es una alarma programada como la del móvil o la del reloj. ¡No! En ausencia de obligaciones externas, lo que le obligaría a despertarse irremediablemente sería algo que molestase de verdad y que no se pudiera apagar. Mis inventos girarían entorno a esa idea. Un aparato que haga sonar durante diez minutos seguidos death metal, un colchón que se enfrié paulatinamente hasta obligar a que el individuo se mueva de una puta vez, una alarma que solo se desactive al terminar con éxito un sudoku de nivel fácil. A eso me refiero, ¡por todos mis maquiavelos!

El mundo necesita productos en esa onda, y no tantos perfumes cuyos anuncios falocráticos copan todos los putos espacios publicitarios. Lo terrible es que si lo hacen es porque hay millones de olorosos dispuestos a adquirir una fragancia. Bueno, no. Al fin y al cabo no veo ninguna pega en que los hediondos se ayuden de la química para tener un hueco en la sociedad. En verdad el esperpento se halla en las personas que sin despedir tufo se aplican alguna clase de desodorante o colonia. Vamos a ver, ¿desodorante para qué? ¿Acaso en las actividades cotidianas alguien se va a acercar con el propósito de olisquear axilas? ¿O se supone que a la hora de follar el macho debe de ser un gustazo para el olfato? Pero si el sexo es la cosa más cerda del mundo. A otra asunto. ¿Colonia? ¿Para qué? ¿Cuál es el motivo que lleva a alguien a crear su propio radio de olor? Y luego el personal se queja de los fumadores…

Joder, me duele la puta espalda.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Sinfonía fantástica

Por el momento esta es mi última entrada. Si en el futuro quiero retornar a la dimensión blogueril en el papel de infame escritor me bastará con publicar algo nuevo. Dicho de otro modo, esto es un “hasta luegor” y no un “un placer my friends. Suerte in the life!” No manejo muchas opciones. Ultimamente mi tiempo libre ha pegado un recorte que ríete tú de la disminución del déficit público de ZP. Además noto un cierto agotamiento. Así no hay forma de escribir, pero tampoco de llevar un blog de manera frecuente ni de visitar otros y disfrutarlos como Dios manda. Hace varios días abrí en serie todas las entradas que tenía pendientes de leer. Traté de ingerir párrafos de toda índole, y unos minutos más tarde descubrí que aquello ni eran formas ni era nada.

Escribir en este plan no debe convertirse en un trabajo. Leer a otras personas tampoco. Si no tengo tiempo se que no voy a poder pasarme por tantos blogs ni conceder a sus autores la atención que merecen. Acabaría comentando menos y recibiendo menos comentarios, pues desde hace tiempo he visto como en este mundillo el elemento de cortesía tiene mucho peso. “Si tu comentas en mi blog yo comento en el tuyo. Si no nanai” De vez en cuando ese es el punto de partida. No creo que todo el mundo que se ha pasado por aquí lo hubiera hecho si yo no hubiese correspondido a esa persona en su blog con el respectivo comentario. Tendemos a ser corteses y a dar buena imagen, y todo ello con un objetivo. Personalmente me considero un excéntrico y un ególatra, pero no creo que sea el único en dar importancia a las opiniones/ausencia de opiniones de los demás.

En cualquier caso siempre me tomé esto como un proyecto de complicadas predicciones. Deseaba escribir reseñas sobre discos que me encantan expresándome sin complejos. Lo he conseguido, y con el paso del tiempo he llegado a entender los blogs como un medio muy interesante con el que desarrollar habilidades expresivas y de modo inesperado chocar con personas de valor inaudito. Solo por eso último ya ha merecido la pena.

Me da que estoy sonando súper solemne. Gromenauer in the caballorl pecador. Fistrooo!! Ok, esto ya tiene un tono menos grave.


Yendo al grano, me despido (como escribiente) comentando (puto wordreference. ¿Qué pasa, que la palabra comentar no tiene un puto sinónimo digno?) una obra que durante mucho tiempo ha figurado entre las tres que me llevaría en mano si tuviera que emigrar de inmediato a una isla desierta. Luego ocurre que uno amplia fronteras y añade al carro de los gustos tantos discos que hacer un ranking con solo tres puestos es un reto jodido. Tan jodido como la labor del compositor. Con algunos de ellos me he preguntado a veces si vendieron su alma al diablo a cambio de un talento sin igual. Porque hay que tener una mente asombrosa para saber orquestar casi un centenar de instrumentos y que el resultado sea prodigioso. Además, el compositor no solía tener delante a la orquesta para comprobar cómo sonaba su pieza si -por ejemplo- decidía cambiar la melodía interpretada por la primera sección de violines. En otras palabras, que su misión era sentarse y trasladar a la partitura ciertas ideas musicales que tenía en mente acerca de cómo organizar a casi cien sujetos para que una obra de muchos minutos sonase perfecta. ¡Casi nada!
Debo reconocer que la propuesta de hoy puede de primeras no gozar de demasiado atractivo, en el sentido de que son muy pocos los que han tenido el coraje suficiente para hincarle el diente a la música académica. No hablo de un mordisco pequeño como sería Für Elise de Beethoven, el Canon de Pachelbel, o el Bolero de Ravel. Esas son obras melódicamente adictivas y que se oyen fácilmente. Pero dar unos pasos más y acudir a la sinfonía no tiene porque terminar siendo un aburrimiento, sino una experiencia apasionante. Espero que quienes se atrevan con la obra magna de Berlioz disfruten tanto como yo, que se maravillen, y porque no decirlo, que tiemblen ante el vértigo de una composición tan dramática como brutalmente enérgica.
Aquí la tensión se palpa con suma facilidad. Es así -entre otras cosas- por el estruendo y la gran participación que procuran trompas, trombones y tubas. Sus notas se escuchan majestuosas, pero también sobrecogedoras. La suya es una fuerza que se manifiesta con mayor intensidad en los últimos movimientos de la sinfonía, que son los que contienen los momentos de mayor clímax. A parte de esto, la tensión constante de esta obra tiene otra importante razón de ser: La Sinfonía Fantástica es, ante todo, música programática, es decir, no solo trata de hacer sentir, sino que también intenta que el oyente visualice ciertas imágenes en su cabeza, y lo pretende contando una historia. Por ejemplo, no sientes lo mismo si entiendes un brusco quiebro orquestal como simple sonido que como algo que trata de narrar una imagen (la guillotina que cae, la tormenta que arrecia, etc.) Ahí reside mucho de la riqueza de esta composición, en el significado que Berlioz quería darle y que tan logradamente lo consigue a lo largo de sus cinco movimientos. Cada uno de ellos relata un episodio concreto en el que el amor y las obsesiones tienen el papel protagonista y hacen delirar al joven y desesperado músico, que sería una representación del propio Berlioz. Es esta una obra de arte imperecedera, absoluta y universal. Joder, se que para todo lo que me encandila termino usando los mismos adjetivos, pero es que estamos ante una de las obras inolvidables del Romanticismo, que a su vez es uno de los más geniales movimientos musicales de la historia de la humanidad.


Os invito a aventuraros en la Sinfonía Fantástica abstrayéndoos de todo para imaginar lo que Berlioz tenía en mente. Agrego para los valientes una descripción breve de la idea fundamental de cada movimiento:
I. Reveries, passions (Sueños y pasiones)Un joven músico se ha drogado con opio. En ese trance visualiza el amante soñador y romántico que era antes de que su obsesión lo embargase. En ese sueño ella regresa una y otra vez, entrometiéndose en los pequeños espacios de calma. Todo el movimiento no es otra cosa que la representación de una mente delirante y de un alma desesperada.

II. Un bal (Un baile)Una magnífica fiesta en un elegante salón de baile será el escenario de la siguiente pesadilla. Aquí el joven ve como su amada retorna de nuevo. Ella aparece y se desvanece. Todo de manera muy confusa. El intenta atraparla y abrazarla, pero nunca lo consigue.

III. Scène aux champs (Escena en el campo)El amante sueña una idílica escena en que dos pastores llaman a sus rebaños, cada uno desde una ladera. Un pastor toca para su rebaño y es contestado por el otro. De repente la atmosfera cambia y el cielo se oscurece. Aparece ella. Entonces uno de los pastores comienza la melodía ya escuchada, espera la respuesta, pero esta no llega. Solo se oye el trueno, la tormenta. La escena se desvanece y el soñador músico se queda silencioso y consciente del desamor.

IV. Marche au supplice (La marcha del cadalso)Ahora el es un asesino. Ha matado a su amada, y es conducido al lugar de la ejecución. Llega agonizante al patíbulo y por muy cortos instantes ve a su amada. Lo hace hasta que cae el cuchillo de la guillotina, estrepitoso y turbador.

V. Songe d'une nuit du Sabbat (Sueño de una noche de aquelarre)Finalmente el amante sueña que está muerto y que acude a su propio funeral, pero este se convierte de manera inesperada en un aquelarre con espantosos sonidos de brujas y entes demoniacos. Su amada asiste a esa misteriosa reunión mientras resuenan las campanas fúnebres.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Storia Di Un Minuto



Premiata Forneria Marconi - 1972
1. Introduzione 2. Impressioni di Settembre 3. E' Festa 4. Dove Quando I 5. Dove Quando II 6. La Carroza di Hans 7. Grazzie Davero

¡Maldito blog! Necesito publicar algo. De Premiata Forneria Marconi irá hoy la cosa. Acabo de escuchar Storia Di Un Minuto y me apetece dedicarle una entrada. ¿Tiene acaso algo de extraño el querer transmitir a los demás lo mucho que te ha encantado un disco/película/libro/tíabuenadelfondo? Lamentablemente hay un obstaculo. Los fulanos mencionados tocan NWOIPR, o sea, New Wave of Italian Progressive Rock, o sea, música rara. El hecho de que escribiendo tales siglas en Google solo obtenga “aproximadamente 4 resultados” me invita a pensar que este género no tiene muchos seguidores. Esa es una posibilidad. La otra consiste en que el NWOIPR sea algo que se me acaba de ocurrir.
Iba por… ¡Ah, sí! Que son altas horas de la madrugada. Demasiado tarde como para meterme a escribir embrollos técnico-descriptivos. Optaré entonces por hablar sobre un poco de todo. Hay discos con los que, por su calidad o por lo que significan para mí, suelo escribir amplías reseñas. Trato de conseguir que cada una sea distinta y única, pues distintos y únicos son los discos que caen por aquí. Unas veces me pongo en serio. Otras no. Además, no tengo grandes ambiciones. Consigo ya bastante con que alguien me lea y de cuando en cuando se bajé el link de mediafire.
Además, que ahora me quedan pocas energías. De lunes a viernes la universidad me absorbe. Es a la madrugada cuando hago cosas y cuando me pregunto porque nuestro amado planeta no podría tardar unas seis horas más en girar sobre sí mismo. ¡No hay tiempo! ¿Realmente mi destino y el de unos cuantos miles de millones de personas es trabajar ocho horas durante cinco días a la semana hasta la jubilación? ¿Y dónde queda la vida social? ¿Y las aficiones personales? Seguro que el personal viviría mas feliz trabajando menos, cobrando menos, y viviendo con lo justo. Entiéndase por “lo justo” no salir de juerga de miercoles a sábado, no comprar los Iphone esos del carajo, no ir en carro motorizado a todos lados, y evidentemente, no salir del puñetero centro comercial con doce bolsas. La sociedad de consumo es una aberración. Sobreexplota los recursos naturales y tiende a incapacitar a sus miembros para que no desarrollen todas sus potencialidades. No quiero ser víctima de algo así. Puede que por eso cuando viajo en tren o autobús contemplando las montañas y los campos limpios de la suciedad de la modernización tenga pulsiones de comprarme un caballito y recorrer los caminos al son de un tema como Dove Quando I. Sonido juglar de manos de guitarra acústica y flauta para inaugurar un reposado pasaje. En términos estilísticos es una de las canciones más bellas del disco, el cual rebosa de diversidad. ¡No iban a ser todo teclados hammond y excentricidades varias!, caso de E' Festa, un rock que se presenta como una pasarela sobre la que marchan multitud de instrumentos e ideas que pueden parecer alocadas (alocadas no significa coñazo). ¿Quién dijo que la música más rara del mundo no puede estar hasta arriba de ganchos melódicos? Acida distorsión, teclados cósmicos, flautas festivas, cambios de ritmo. Lo que viene siendo rock progresivo.


Las fotos de integrantes de grupos progresivos italianos son como las películas de Jennifer Aniston. Vista una, vistas todas.


Ahora mismo estoy yendo a mi bola con el relato de las canciones. No pienso que Storia Di Un Minuto sea algo para escuchar en orden aleatorio. Todo lo contrario. Su progresión me parece muy acertada. Asimismo obvia decir que después de Introduzione solo puede ir Impressioni di Settembre, dos monumentales piezas de PFM en las que predominan los quiebros, los teclados, y el particular estilo de la banda. Sin duda dos canciones paradigmáticas del disco.

Con el resto no sigo porque ya he hablado de lo que más me gusta, que para eso es mi blog, ¡caguen sotx! Después de escuchar cosas como estas me lamento de que hoy día haya tan poca creatividad en la producción musical. También me asombra descubrir como la unión entre lo moderno y cierto folklore (italiano en este caso) pueda dar tan buenos resultados. Hay elementos de Storia Di Un Minuto que con el paso de las décadas han quedado como antiguallas, pero vamos, que este disco con su mellotrón le da mil vueltas a mucho lo que hoy día va de original y atrevido.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Runnin' Wild

Airbourne - 2008
1. Stand Up For Rock 'N' Roll 2. Runnin' Wild 3. Too Much, Too Young, Too Fast 4. Diamond In The Rough 5. Fat City 6. Blackjack 7. What's Eatin' You 8. Girls in Black 9. Cheap Wine & Cheaper Women 10. Heartbreaker 11. Hellfire


Le comentaba al amigo Aitor hace unos días que por mi salud y por la de la ciudadanía en general será mejor que nunca tenga un coche. Más aun, que nunca me dirija a una autoescuela si no es con intención de desempeñar el papel de profesor. En todo caso podría permitirme pilotar un carro motorizado en el que no se pudiera poner música a todo volumen, porque ya me estoy imaginando en un coche con subwoofers chulos y altavoces XXL sonando el disco de hoy a un nivel que rebasa los decibelios permitidos en la ciudad. Le daría al play. Primer tema: Stand up for Rock' n 'Roll. Salgo del aparcamiento y coloco el coche en la línea de la carretera. Entonces la canción golpea duro con ese arrasador riff que llega sin preaviso. ¿Es posible mantener el control en una situación así? Hasta un superhéroe que vela por el bien de la población pisaría el acelerador sin pararse a meditar sobre la posibilidad de que en el siguiente paso de cebra una abuela vaya a cruzar.

Tengo plena convicción de que si los accidentes automovilísticos en ciudad son bastante reducidos es porque el personal no escucha música mientras conduce. Como mucho sintonizan los 40 principales, y claro, el Waka Waka tiene su ritmo, pero sus efectos no van más allá de pensar que en África todos los negritos son felices con un único canto tribal-pop. Enrique Iglesias o Juanes tienen la misma capacidad para subir la adrenalina que Hillary Clinton para levantarle a uno la verga. Están a años luz de la potencia y el salvajismo de Runnin' Wild. El headbanger que no quede seducido por su riff y sus estribillos ni es headbanger ni es nada. Ya les gustaría a Brian Johnson y los Young sacar en pleno siglo XXI algo tan enérgico y poderoso. En el mismo año en que Airbourne publicaban un álbum adictivo, con sangre, y cargado de éxitos ACDC volvían a dar forma a su mediocridad con un disco de una hora de duración que solo conserva cuatro minutos realmente buenos. ¿A que zumbao de Columbia Records se le ocurrió la brillante idea de sacar a la venta un tostón de sesenta minutos? El Black Ice, como su propio nombre índica, es un proyecto que fuera de la nevera se derrite sin remedio. Heartbreaker, sin ser uno de los misiles del Runnin' Wild, se mea en el hielo derretido.

Mierda, me he pasado, y encima con ACDC, vaca sagrada donde las haya que por si fuera poco mantiene una excelente relación con Airbourne. De paso estoy convirtiendo mi idea de alabar este discazo en un peligroso intento de meterme con otra banda. Dios, ¿eso no es lo que hacen los críticos sacralizados de las revistas de música? Oh, ¿en qué me he convertido? En fin, seguiré con mi tesis de porque el hard rock de primer nivel y el volante no suelen ser buenos compañeros. Too Much, Too Young, Too Fast. Aquí el problema no consistiría en pisar el acelerador, sino en ponerte a cantar los coros en plena autopista. Con Diamond In The Rough el contratiempo sería doble. Por un lado estaría el ansia de seguir los coros. Por otro, la euforia derivada de un ritmo más tranquilito pero igual de efectista en cuanto a fervor rockero se refiere.


Aunque pensándolo “mejor”, ¿no merece más la pena morir despeñado por un barranco al son de Girls in Black a esperar que el subnormal ebrio de turno te choque in all the face con su Opel Corsa? Aquí ocurre como con los oídos. Ya que tarde o temprano los putos ruidos de la ciudad me van a pulverizar los tímpanos, ¿no es mejor caer en la sordera por ser un irresponsable con el volumen del mp3? Cada uno tiene sus formas de enfocar la vida. En pocas décadas estaremos muertos. Puede que mañana el dictador gordo y gilipollas de Corea del Norte provoque una guerra mundial al lanzarse contra Corea del Sur y Japón. Puede que Occidente no sepa enfrentarse a la deuda privada que acosa a las grandes potencias. Puede que los alienígenas cabeza-buque de Mars Attacks sean algo más que ficción. Es decir, que le jodan a todo. ¡Airbourne forever!

Tras leerme tengo absoluta certeza de que si, la música puede enajenar a las personas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Bracula, Condemor II


La historia del cine al igual que la historia de muchas otras cosas presenta grandes obras que consiguen calar en lo más hondo de la memoria colectiva aun habiendo tantas discrepancias. Los hay que prefieren "Por un puñado de dólares" y los que se quedan con "Yojimbo", la versión original de Kurosawa. Sergio Leone genera conflictos con su particular western. John Ford por el contrario se haya generalizadamente alabado por la crítica. Oh, cuanta pedantería en tan pocas líneas. A este paso me cogerán para uno de esos programas especializados en cine alternativo. A lo que iba. Cada uno tiene sus preferencias, pero no se puede negar que ciertas películas ya sea por su influencia posterior, por su carácter innovador, o porque lograron impactar al público, han quedado inmortalizadas. "Bracula, Condemor II" (creedme, cuesta hablar en serio con semejante título) obviamente no pertenece a esta categoría. Estamos ante uno de los mayores truñones de la historia del cine español. Puro anti-cine podría decirse incluso. El hecho de que existan películas espantosas de serie B y que desde Turquía hasta Japón pasando por la India se graben multitud de aberraciones para el ojo humano hace que "Bracula" no destaque en ese sentido. Sin embargo no es necesario irse a otros continentes para contemplar bodrios. España, ni más ni menos, es una fábrica de películas detestables, empezando por los productos erótico-adolescentes y terminando por el gafapastismo megapastoso. ¿Lucía y el sexo entra en ese saco? Da igual, sigue siendo una mierda. ¿Entonces que tiene "Bracula" de especial? Para empezar no es pretenciosa. Para terminar, ¡sale Chiquitorrrlll! Todo español de bien conoce a esta figura del humor indescriptible. Es inevitable soltar alguna de sus expresiones cada día, inconscientemente o no. ¿Soy acaso el único que cuando se le escapa el autobús se dirige hacia la parada corriendo al grito de al ataqueeeerl? Algunos además pueden presumir de realizar imitaciones notables con las que el personal se descojona abiertamente. ¡Qué importa no haberse tragado uno de sus infames shows o no haber visto alguno de sus excrementos fílmicos! Sus gags son tan accesibles que a todo el mundo le hacen gracia. En todo caso puede considerarse enigmático que semejante clase de estupidez haya tenido tanta repercusión y de que El Jarl, expresión con aires de bramido, haya sido y sea pronunciado por tanta gente. Aunque al fin y al cabo nada de esto debería extrañar en una civilización tan contradictoria, excéntrica y retard como es la nuestra en su mayor parte.

Vamos, que Chiquito mola. Como payaso se le tiene gran afecto y como creador de palabras y frases ha marcado un hito en la lengua española. En el plano artístico no ha hecho nada. "Bracula sencillamente" es una basura, pero concentra buena parte de la subcultura chiquitorl. Además compruebo como algunas de sus escenas me siguen haciendo gracia aun habiendo pasado una década desde la primera vez que la vi.

"Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera" se encuadraba en el contexto del lejano oeste con su oro, sus tópicos de bandidos e indios malos. "Bracula, Condemor II" da un vuelco para profundizar en el tema vampírico que riete tu de Crepúsculo. Condemor y Lucas se piran al viejo continente con un montón de oro, pero tienen la mala pata de que en el barco que cruza el océano hay un vampiro de los chungos que se carga a media tripulación. Para dar mas por culo surge una tormenta, el velero se hunde y ellos son los únicos supervivientes, que llegaran a una misteriosa isla poblada de gente extraña con colmillos que confunde a Condemor con el Conde Dracula, al cual esperan desde hace siglos.
"¡Y que lo digas Lucas! Tu sabes que yo no puedo estar quieto. Soy de la galaxia sexuar Jauder, y que le vamos a hacer. […] Bueno con estas pepita voy a comprar una granjarl cerca de Parisrl, con patito, vaquita, cerditos oink oink, una pianola, un par de guanter marrones, una muñeca hinchable pa no aburrime, voy aprovechar las rebajas de Enerorrl. Al ataqueerll"


Chiquito dirigiéndose al mago de los vampiros (1:42): "Será un honor, el gran mago negro e un fenómeno de la galaxia cuatro. Todo lo que toca lo borda. E un fenómeno con cuernorls"
Al ver lo que contiene el plato de la cena (2:03): "-¡¿Qué pasa aquí?! –Parecen ranas señor conde -¿Comooorll? Esto no son ranas, esto sin fistros de sapo."
Etcétera:

domingo, 29 de agosto de 2010

The Game


Queen - 1980
1. Play the Game 2. Dragon Attack 3. Another One Bites the Dust 4. Need Your Loving Tonight 5. Crazy Little Thing Called Love 6. Rock It (Prime Jive) 7. Don't Try Suicide 8. Sail Away Sweet Sister 9. Coming Soon 10. Save Me
Shakira recoge entre sus influencias a Queen. Es una teoría mía basada en supuestos definitivamente estúpidos. Por ejemplo, todos los discos de la culona colombiana están inmortalizados con su imagen. En unos sale rubia y en otros morena. En unos sale incitando a la lujuria y en otros se muestra cual modesta chica buena. Las portadas de Queen no se quedan atrás. Mercury, May, Taylor y Deacon también eran fans de aparecer en sus portadas, desde la mega-freak cover de Queen II, pasando por el vanguardismo de Hot Space y alcanzando el horror visual en The Works. El caso es que salen juntos en unas cuantas. Ese es mi argumento de mierda para defender la citada hipótesis. Dado que ya he cometido la blasfemia de mezclar a Queen y Shakira en el mismo párrafo y hasta en la misma frase aprovecho para indicar que los de allmusic sitúan entre las principales influencias de Shakira a Led Zeppelin. Esto es como lo de escribir “illuminati” al revés en la barra de Internet y que te conduzca a la agencia de seguridad nacional norteamericana: misterios de la vida.

Todos tan felices antes de que la guerra de las Malvinas anulase el buenrollismo anglo-argentino.
Hay tantas cosas que uno no llega a comprender... Por ejemplo, ¿por qué hay tantos prejuicios con la música? Recuerdo como hace meses un adolescente pedía ayuda en un foro. Preguntaba al personal si era adecuado y natural que le pudiera gustar simultáneamente Metallica y los Sex Pistols. Comprobado, la coherencia es como los preservativos: si pretendes darle mas uso del debido se volverá en contra tuya. En fin, allá cada uno con sus límites mentales. Considero en cualquier caso un ejercicio positivo guiarse no tanto por los géneros como por el hecho de que un disco tenga contenido. Un artista que publica su último trabajo con tres cuartas partes de relleno es un tío que se esta riendo de sus fans, y en este sentido da igual hablar de pop, metal, o jota aragonesa. Cuando escucho un disco quiero canciones que me hagan creer que aquello iba en serio y que el autor se volcó para sacar algo que el pensase merecía la pena.
Esto último es lo que me sugiere The Game, estandarte con el que Queen se engalanaba para entrar en los controvertidos años 80. Cruzaban una línea que los apartaba paulatinamente de su sonido previo para adentrarse en nuevos terrenos atestados de funk, música disco, y pop rock de radiofórmula. Eran influencias que indudablemente tuvieron su peso en la banda. Sin embargo quiero resaltar como característica peculiar que The Game en la actualidad continua sonando fresco y cargado de energía, en contraposición con los grandes éxitos de la época que fueron enterrados en el olvido con la nueva década que se avecinaba. Se trata de un álbum extremadamente comercial, diseñado de principio a fin para triunfar en los rankings internacionales, pero siempre marcado por el buen hacer. ¿Acaso comercialidad y talento son conceptos reñidos? Ojala en la escena musical de hoy los trabajos llamados a ser superéxitos gozasen del nivel que tiene este disco. Su sencillez compositiva te entra por los oídos, te hace disfrutar, y te captura durante un buen rato. Es atractivo de principio a fin y tiene escasos altibajos. Con melodías súper pegadizas y geniales Queen de nuevo supieron dar con la clave para enamorar al mundo.

Roger Taylor: “¿Y esa foto? ¿Ahora somos un power trio sin batería?”
Play the Game, que ni mucho menos advierte como va a ser el resto del disco (solo los efímeros sintetizadores que se oyen cerca del final dejan intuir algo), es la representación de un Queen pasado que queda materializada en una balada rock cargada de notables diálogos entre Freddie y los coros. Con Dragon Attack se produce el viraje hacia el funk. Los pianitos ya no existen. Solo queda una machacona sección rítmica hace de hilo conductor sobre el que se sitúan multitud de ganchos. La desbocada guitarra de May es un ejemplo de ello. Another One Bites the Dust continua en esa onda contribuyendo a agrandar la lista de canciones históricas de Queen. Ritmo agresivamente adictivo del que Deacon debió terminar hasta los cojones con eso de repetir las mismas notas una y otra vez. Mercury vuelve a lucirse con descaro en este mítico tema. Need Your Loving Tonight resulta veraniega, animada, y supercomercial. Compositívamente simple pero repleta de una particular energía que estalla en el solo de guitarra. Me encanta. Crazy Little Thing Called Love, otro track para el recuerdo. Un rockabilly agradable y delicioso de escuchar. Rock It, en efecto, rockea, aun haciendose esperar. Aires ochenteros y potencia desatada dentro de lo que una banda como Queen se permitía en aquel momento. Taylor no lo hace nada mal llevando la voz principal, aunque sería curioso escuchar este tema interpretado por Freddie. Dont Try Suicide mejora conforme avanza, pero deja que desear. Brian May, como siempre, excelente en sus aportaciones. Sail Away Sweet Sister figura como una baladita de May. Mercury aparece contribuyendo en el entrañable final. Llega Coming Soon, tema movidito y enérgico compuesto por Taylor. Se mantiene en la línea. Save Me cierra emotivamente entre los calidos pasajes en que Mercury entona sereno y el efectista estribillo, que convierte a la canción en un tema inolvidable, universal, y clásico absoluto.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Moontan


Golden Earring - 1973
1. Candy's Going Bad 2. Are You Receiving Me 3. Suzy Lunacy (Mental Rock) 4. Radar Love 5. Just Like Vince Taylor 6. The Vanilla Queen

Desembarca en el blog algo de rock holandés. Hago hincapié en esto porque dudo que del nombrado país caigan por aquí discos más allá de Golden Earring y Focus, dos formidables bandas que con su talento pugnaban a principios de los 70 por abrirse paso en una escena musical prácticamente dominada por los productos anglosajones. Triunfar en territorio propio era básico, y poder salir de las fronteras alcanzando una buena posición en las listas extranjeras de éxitos se convertía en el máximo objetivo de cualquier grupo ambicioso y en el sueño de cualquier adolescente. George Kooymans y Rinus Gerritsen eran dos canijos cuando en 1961 montaban su grupo influenciados por el rock&roll del momento, el cual predomina en sus primeros trabajos con los que se van haciendo un hueco en el panorama musical de los países bajos. Nuevos componentes llegan al final de la década. Barry Hay toma el micrófono y Cesar Zuiderwijk se adueña de la batería. Los cambios no se producen solo en la alineación, sino que Golden Earring gradualmente va abandonando el estilo de sus inicios para centrarse en el mundillo psicodélico, haciendo sus pinitos con temas como "Eight Miles High" con el que versionaban a los Byrds en una canción que dura 20 minutos en estudio y mas de media hora en directo. Por suerte entrados los 70 el sonido de sus discos evoluciona, acogiendo en cierto modo el hard rock que aquellos días se fraguaba en Inglaterra. Por entonces Golden Earring ya era una banda reconocida. Habían cruzado el canal de la Mancha y también el océano Atlántico. En esas circunstancias graban Moontan, disco que entra a formar parte de los 20 mas vendidos de aquel año en EEUU con el single Radar Love a la cabeza. De primeras puede sorprender la escasa cantidad de canciones. Se aprecian maneras de hard rock sin dejar de lado totalmente sus raíces rock&roll de años atrás. El aroma progresivo también está presente gracias a pequeñas participaciones orquestales, canciones que van moldeándose e importantes cambios de intensidad. Pese a ello el disco es profundamente asequible y delicioso de escuchar. Es una pena que a excepción de Radar Love el resto de material se mantenga tan desconocido para buena parte de aficionados del rock más veterano.

Petándolo


Candy's Going Bad encandila con un arranque demencialmente bueno. En su mayor parte es un tema de hard rock que tras unos minutos se suaviza y pierde la contundencia en un pasaje no por ello menos interesante de escuchar y que realza el ingrediente progresivo de Moontan. La canción asoma con ese riff serpenteante magistralmente guiado por dos guitarras en diferente distorsión y que me recuerda muchísimo a Ritchie Blackmore. En seguida la voz de Barry Hay hace acto de presencia y la canción queda casi definida, brillando conforme pasan los segundos. El bajo, cuando permite ser oído, es una delicia, los “Are you satisfieeed?” me enamoran, y ya cuando sobreviene el ardiente solo de guitarra (2:04) pienso para mis adentros que estoy ante una pieza singularmente redonda. Le sigue Are You Receiving Me, más de 9 minutos que en la primera escucha siempre se perciben estructurados de manera muy extraña. La sección rítmica es simple y repetitiva, pero profundamente adictiva. El saxo que se da cita en la tercera estrofa (1:27) incrementa la intensidad de manera inesperada. Esta estructura se repite de nuevo y en breve la canción se sumerge en un pasaje ligeramente sombrío (3:47) cuyo avance es excepcional. La batería se incorpora cada vez mas mientras desfilan multitud de instrumentos. Flauta y saxo contribuyen, pero nada como la guitarra (6:25) de Kooymans. Sin comerlo ni beberlo el tema ha retomado toda su desbordante energía, hasta explotar. Suzy Lunacy (Mental Rock) toma un cariz animado y festivo que por momentos alcanza sonidos country, decayendo levemente el disco. A continuación llega Radar Love, uno de esos singles que triunfaron en su época pero que con el paso de los años han sido colocados en un discreto segundo plano de grandes temas setenteros versionados hasta la extenuación. Aun así sus momentos son inolvidables. Zuiderwijk, baqueta en mano, abre camino a la esplendida línea de bajo. No se queda detrás el prodigioso estilo con que la guitarra responde a los versos de Barry Hay (0:49) A partir de ahí se suceden las subidas y bajadas constantemente volviendo siempre al explosivo estribillo. Just Like Vince Taylor con su guisa de rock&roll es un tema entretenido, de duración adecuada y que se olvida de una a otra escucha. The Vanilla Queen deja en evidencia que Golden Earring era un grupo versátil, capaz de meter en un disco multitud de géneros y combinarlos a un nivel que ya quisieran otros. Este último tema es netamente progresivo, pero de formas nítidas y accesibles. Se halla distribuido en dos partes. En la primera la voz de Hay emerge junto con los efectos de sonido hasta tomar todo ello cierto ímpetu en el estribillo (1:32). Repite la formula de nuevo. Tras ello es la guitarra acústica la que rápidamente coge protagonismo (3:15). Después la eléctrica, en un solo majestuoso (4:24). El falso final sirve de interludio para el glorioso desenlace en el que la melodía va adquiriendo forma bajo los épicos estallidos orquestales (6:25).

domingo, 22 de agosto de 2010

Canciones raras de cojones


Si otros pueden hacer de unas bolsas de basura objeto de admiración yo estoy en mi derecho de ser un pesado. Sirva esto como aclaración elemental antes de dar caña con otra aburrida dosis en contra del arte contemporáneo, el cual he descubierto que no me irrita, ni me atemoriza. Todo lo contrario, me lo paso chachi viendo esas frikadas. Por unos instantes me vuelvo un Félix Rodríguez de la Fuente y narro mentalmente el acercamiento del animal al objeto de excitación: los pasos que da, en que postura se coloca, como lleva a cabo la copula metafísica con el objeto artístico. Es un mundo, no hay duda. Un mundo descojonante. Me decía el cultureta de turno: “lo maravilloso de estas obras es que tienen multitud de interpretaciones”. Yo le respondo que “por esa regla de tres, en la medida en que se admiten multiplicidad de perspectivas cada uno puede considerar arte lo que le salga del orto, es decir, una cáscara de plátano sobre un paso de cebra puede ser arte porque yo digo que me transmite sensaciones únicas”. “Así es”, contesta el, y yo pienso: “claro, pero tu cuando ves una jodida cáscara de plátano en el suelo pasas de largo, mientras que si te la encuentras bajo los focos del museo cruzas los brazos y te dispones a observarla con detenimiento”. Es asombroso toda la influencia que puede tener el entorno, y todo el efecto que puede lograr en algunos un cartelito con palabrería pedante y vacua aludiendo al supuesto objeto artístico. Pero lo que decía, que yo al menos me divierto como un enano. Si me dieran a elegir entre una exposición de románico y una de vanguardias no lo dudaría un solo momento.


“Sr McClure, ¿y dentro del terreno musical también hay frikadas contemporáneas?”


Por supuesto, Jimmy, por supuesto. He aquí tres deleznables casos:
En 3er y deshonroso puesto: King Crimson. El rey carmesí evidencia que el jazz y las drogas son una mezcla muy mala, y que un disco puede tener altibajos más grandes que los bíceps de Schwarzenegger en Conan el Bárbaro.



Le sigue en 2º puesto... Si, Black Sabbath, demostrando que no solo dieron un vuelco en la música del momento, sino que también fueron pioneros en la producción de canciones de relleno. Mas tarde otros cogerían la idea y la evolucionarían, incluyendo en sus álbumes canciones de relleno no de 90 segundos, sino de 5 minutos.



Redoble de tambores y escotes visibles desde Vladivostok sirven para anunciar que canción ocupa el 1er puesto. El premio eees paaaaraaa... ¡John Frusciante! En efecto Failure 33 Object es la obra cumbre en esto de la música coñazo. Pero sus meritos no se quedan ahí. Es además una pieza insoportable de escuchar una vez pasados los dos primeros minutos. Algunos críticos mencionan que la inspiración fundamental de Frusciante a la hora de componer este tema se produjo en una visita que hizo al parque de bomberos. Evocadores momentos.